El Mar Muerto, reconocido como uno de los cuerpos de agua más salinos del planeta y considerado durante siglos un entorno prácticamente incompatible con la vida, vuelve a ser noticia por un fenómeno que ha llamado la atención tanto de la comunidad científica como de quienes estudian los textos bíblicos.
La aparición de pozas de agua dulce con peces y vegetación en sus alrededores ha reavivado el debate sobre una antigua profecía del libro de Ezequiel.
Ubicado entre Israel, Palestina y Jordania, el Mar Muerto se encuentra a unos 429 metros por debajo del nivel del mar, lo que lo convierte en el punto más bajo de la superficie terrestre. Su concentración de sal es aproximadamente ocho veces superior a la de los océanos, una condición que históricamente ha impedido la supervivencia de peces y otras especies acuáticas.
Sin embargo, el paisaje ha comenzado a cambiar debido al acelerado descenso del nivel del agua. Desde la década de 1960, el Mar Muerto ha perdido más de un tercio de su superficie y, según estimaciones de especialistas, podría enfrentar una grave reducción de su extensión en las próximas décadas si las condiciones actuales se mantienen.
Cada año, el nivel del lago disminuye cerca de un metro. Este retroceso está relacionado con la reducción del caudal del río Jordán, su principal fuente de abastecimiento, cuyos recursos hídricos son utilizados para consumo humano y actividades agrícolas. A esto se suma la intensa evaporación provocada por las altas temperaturas de la región, que durante el verano pueden alcanzar los 50 grados Celsius, además de la actividad minera que también influye en el equilibrio hídrico del lugar.
Como consecuencia de esta disminución, han aparecido cientos de dolinas o sumideros, formados cuando el agua dulce subterránea disuelve las capas de sal ocultas bajo la superficie. Lo que parecía ser únicamente un riesgo geológico terminó dando paso a un hallazgo inesperado: en varias de estas depresiones comenzaron a surgir manantiales de agua dulce.
Con el paso del tiempo, esos pequeños cuerpos de agua se transformaron en oasis naturales rodeados de vegetación y habitados por peces, aves y otros organismos que antes no existían en esa zona. Los investigadores explican que estas especies no viven en el Mar Muerto propiamente dicho, sino en las pozas alimentadas por acuíferos subterráneos.
¿Se está cumpliendo la profecía del Mar Muerto?
— SissiEmperatriz 🇮🇱 (@GabyLob) January 7, 2025
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Los primeros indicios de este fenómeno no son recientes. En 2011, científicos de la Universidad Ben Gurion del Néguev realizaron una expedición con equipos de buceo especialmente adaptados para explorar las profundidades del Mar Muerto. Durante la investigación encontraron enormes cráteres submarinos de hasta 15 metros de diámetro y cerca de 20 metros de profundidad, abastecidos por manantiales de agua dulce. En ese momento únicamente identificaron colonias de microorganismos.
Años después, videos difundidos desde 2015 mostraron peces de gran tamaño en algunas de las pozas surgidas cerca de las orillas, imágenes que rápidamente despertaron interpretaciones religiosas.
La profecía bíblica que enciende las alarmas
El hallazgo ha sido relacionado por algunos creyentes y creadores de contenido con un pasaje del libro de Ezequiel. El texto, en el capítulo 47, versículos 8 y 9, afirma:
Y sucederá que dondequiera que pase el río, todo ser viviente que en él se mueve, vivirá. Y habrá muchísimos peces, porque estas aguas van allá, y las otras son purificadas; así vivirá todo por donde pase el río
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Para algunos, la presencia de peces cerca del Mar Muerto representaría una señal del posible cumplimiento de esa profecía. No obstante, los expertos insisten en que los animales no habitan las aguas altamente salinas del lago, sino ecosistemas independientes alimentados por fuentes de agua dulce subterránea.
Desde el ámbito científico también advierten que el fenómeno responde a cambios geológicos provocados por el retroceso del lago y no constituye evidencia de una transformación completa del Mar Muerto.
Mientras tanto, organizaciones dedicadas a la conservación ambiental recuerdan que el problema principal continúa siendo la reducción del caudal del río Jordán. Actualmente, el Mar Muerto recibe apenas una pequeña fracción del volumen de agua que históricamente llegaba desde ese afluente, debido a la construcción de represas, sistemas de bombeo y canalizaciones para abastecer poblaciones y cultivos.
Ante este panorama, se han planteado alternativas para intentar frenar su desaparición, entre ellas un proyecto para transportar agua desde el mar Rojo. Sin embargo, especialistas advierten que una intervención de este tipo podría generar impactos ambientales de gran magnitud, por lo que aún continúa siendo objeto de debate.
Mientras la ciencia busca respuestas y soluciones para preservar uno de los lugares más emblemáticos del planeta, el surgimiento de estos oasis de agua dulce continúa alimentando la curiosidad de miles de personas y dando nueva vida a una de las profecías bíblicas más comentadas de los últimos años.