En un mundo marcado por el escepticismo científico, la pregunta sobre qué ocurre tras el fallecimiento ha sido históricamente relegada a los terrenos de la fe o la filosofía. Sin embargo, el Dr. Manuel Sans Segarra, médico cirujano y exjefe del servicio de cirugía digestiva del Hospital Universitario de Bellvitge en Barcelona, ha planteado una tesis disruptiva: la muerte física no es el final de la conciencia humana.
A partir de su extensa experiencia clínica con pacientes que han experimentado la "muerte clínica" y han logrado sobrevivir, el doctor sostiene que estamos ante un nuevo paradigma que, aunque inicialmente resistido, comienza a ganar terreno en la comunidad científica.
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¿Qué ocurre realmente en el momento de la muerte?
Para el Dr. Sans Segarra, el concepto tradicional de "muerte" debe ser replanteado. Según su investigación, la muerte física es simplemente un tránsito a otra dimensión. "La palabra muerte debería desaparecer porque es un tabú y no es la realidad. Nuestra realidad existencial nos permite asegurar que la muerte física es un tránsito a otra dimensión energética", explica el especialista.
El médico sostiene que el cuerpo humano actúa como una "funda" o un traje material que el ser humano devuelve al universo al finalizar su ciclo. Lo que realmente perdura, aquello que nos define como seres únicos e irrepetibles, es lo que él denomina supraconciencia. Esta energía no desaparece, sino que persiste en un estado holístico, conectado con una conciencia primera que ha sido descrita por diversas culturas y religiones a lo largo de la historia.
¿Por qué las experiencias cercanas a la muerte no son alucinaciones?
Una de las críticas más comunes al fenómeno de las experiencias cercanas a la muerte (ECM) es su posible origen en alucinaciones causadas por hipoxia cerebral o la administración de fármacos. Sin embargo, Segarra desmiente esta postura con argumentos clínicos: "Una alucinación es una vivencia totalmente distinta de un paciente a otro. En cambio, en las experiencias cercanas a la muerte, hay una serie de elementos que se repiten sistemáticamente".
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El experto destaca que los pacientes que atraviesan estas experiencias logran recordar los detalles con una precisión asombrosa durante años, a diferencia de las alucinaciones, que suelen olvidarse rápidamente. Además, subraya que durante estados de muerte clínica —con electrocardiogramas y electroencefalogramas planos— los pacientes han sido capaces de identificar con exactitud lo que ocurría en otros lugares, distantes de la sala de reanimación, o reconocer detalles específicos que no tenían forma de conocer.
Las pruebas objetivas detrás del fenómeno
El Dr. Sans Segarra fundamenta su teoría no solo en testimonios, sino en lo que él califica como pruebas objetivas. Entre ellas, resalta la capacidad de los pacientes para detallar intervenciones médicas realizadas mientras estaban inconscientes.
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"Una paciente que era conocida mía, en esta situación de muerte clínica, me describió exactamente el nombre de todos los que estábamos allí reanimándola", relata el cirujano. Más aún, menciona el uso de resonancias magnéticas funcionales a pacientes que han vivido estas experiencias, observando que al recordar los sucesos vividos durante su muerte clínica, se activa el lóbulo occipital —la zona del cerebro donde se interpreta la visión—. Esto sugiere, según el médico, que la persona realmente vio el objeto o la escena que describe, dotando al fenómeno de una base neurológica real.
¿Cómo afecta el miedo a la muerte a nuestra identidad?
Para el doctor, gran parte de la angustia humana radica en una identidad cimentada exclusivamente en el "ego", que él define como la identidad materialista. Al comprender que la muerte no implica la desaparición de nuestra esencia, los pacientes que han vivido una ECM experimentan una transformación radical.
"Pierden rotundamente el miedo a la muerte. En el momento que uno descubre que su auténtica identidad es la supraconciencia, sabe que el ego es desprenderse del cuerpo", afirma el facultativo. Este cambio de perspectiva, según señala, altera profundamente la dinámica vital del individuo, quien comienza a priorizar valores como la empatía, el altruismo y el amor por encima de la acumulación material.
¿Qué pasa después de la muerte física?
El Segarra asegura que, tras la muerte, el contacto con seres queridos fallecidos es un fenómeno frecuente y reportado por miles de pacientes. "En el plano astral, los tiempos se unifican. Ven el pasado, el presente y el futuro. Es muy frecuente que contacten con seres queridos con los que estaban unidos afectivamente", comenta.
Este mensaje busca brindar consuelo a quienes atraviesan un duelo. Según su visión, no se pierde ni un átomo, pues la energía es inmutable. El fallecido continúa su camino en otra dimensión y, en muchos casos, el individuo elige el momento y el entorno para reencarnarse, continuando su proceso de evolución personal.
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Con la publicación de su próximo libro, 'La humanidad en crisis', el doctor planea seguir difundiendo este nuevo paradigma. Su objetivo es claro: despertar conciencias frente a un sistema que a menudo prioriza intereses egoístas sobre la búsqueda de trascendencia. Para Segarra, la ciencia y la espiritualidad no tienen por qué ser enemigas, sino caminos complementarios para entender que, lejos del final, la vida es un ciclo continuo y eterno.