El caso de Catalina Giraldo Silva, psicóloga de 30 años, comenzó forma desde su adolescencia, cuando, según relató, empezaron los primeros síntomas de depresión que con el tiempo se volvió permanente.
La mujer aseguró en entrevista con Caracol Televisión que durante años experimentó una sensación constante de vacío que, según describió, también se manifestaba físicamente. “Todo el tiempo es como una sensación de vacío con la vida. Ese vacío lo siento físicamente, lo siento en mi pecho y me duele”, explicó.
Con el paso de los años, indicó que ese sentimiento se convirtió en un sufrimiento cotidiano que la acompañaba incluso en momentos de descanso.
De acuerdo con su testimonio, esa situación marcó gran parte de su vida adulta y se reflejó en distintas formas de afrontar el dolor emocional. Catalina explicó que los tatuajes que lleva en sus brazos hacen parte de esa historia personal, pues fueron una manera de resignificar las cicatrices que quedaron tras episodios de autolesión.
“Fue una forma de decirle a mi cuerpo que no es de la ansiedad ni de la depresión… es mi cuerpo”, afirmó. También señaló que decidió plasmar en su piel parte de su historia: “En mi antebrazo está mi historia… yo decía que era un poco como embellecer las paredes de mi hogar”.
Durante el reportaje también se mostraron algunos dibujos y una nota aparentemente de Catalina: “El peso innegable de esta tristeza cargada por años me ha consumido por dentro. Me ha arrebatado mi humanidad y ahora no soy más que un saco de huesos recubiertos por piel”, decía el mensaje.
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Según contó, la tristeza persistió durante años pese a los distintos intentos de tratamiento. La mujer sostuvo que la sensación de angustia se mantenía la mayor parte del tiempo y que incluso la acompañaba durante la noche.
“La mayor parte del día eso está contigo, a todas partes a donde vayas… inclusive a dormir se va conmigo, no me deja descansar”, dijo. En ese contexto, explicó que comenzó a cuestionarse si existía una manera de poner fin a su vida sin recurrir a decisiones impulsivas o a procedimientos clandestinos.
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Fue en ese escenario que, en 2025, Catalina decidió solicitar formalmente al sistema de salud el acceso al suicidio médicamente asistido. Según explicó, su decisión buscaba evitar un desenlace violento y permitir que su familia pudiera acompañarla en el proceso.
“He intentado acabar con mi vida y lo he hecho de maneras impulsivas, pero tampoco quiero lastimar a mi familia”, señaló. Por eso, afirmó que su petición estaba orientada a encontrar una alternativa segura: “Si hay una forma segura de hacer esto, una forma en la que no tenga que hacerlo a escondidas, eso es lo que estoy pidiendo”.