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Mamá e hijo alcanzaron a despedirse bajo los escombros pensando que morirían

Al ver que el edificio donde vivían en Pereira se venía abajo, solo pudieron agradecerse por todo pensando que no la contarían ante la magnitud del impacto.

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Mamá e hijo alcanzaron a despedirse bajo los escombros //
Foto: AFP / Noticias Caracol

El terremoto de magnitud de 7,4 en Colombia ha dejado historias desgarradoras de las víctimas que quedaron bajo los escombros como la familia de las trillizas Saavedra, pero también de supervivencia de quienes pensaron que morirían, pero que, según ellos, "Dios tenía otros planes".

Así le sucedió a Mateo Yepes, de 30 años, y a su mamá, Marta Serna, de 66, quienes pensaron que ese 10 de agosto era el día en que morirían y, por eso, al estar juntos lo único que pensaron a hacer al ver que su edificio en Pereira se veía abajo con ellos adentro fue despedirse y darse las gracias por todo lo que vivieron juntos.

“Yo entiendo que me voy a morir. Mi mamá y yo entendemos que nos vamos a morir, incluso desde arriba cuando nos despedimos, nos decimos gracias: ‘Gracias mamá’, ‘Gracias, hijo’, ‘Gracias por esta vida. Fui muy feliz’ (…) Con mi mamá funciona bien ese famoso ‘triangulo de la vida’ porque la cubre una pared, pero ella tiene un espacio para respirar acorde, puede hablar y comunicarse, pero yo terminó con tres estructuras encima”, relató Mateo en diálogo con Noticias Caracol.

Según él, sintió a la muerte muy cerca y aún no comprende cómo puedo sobrevivir a una emergencia como esa. Además, su mamá aseguró que su hijo no le habla y sintió que en esos segundos su hijo ya no estaba con ella, pero “Dios tenía planes diferentes para ambos”, en medio de una crisis que ha dejado decenas de muertos.

“Yo escucho que dicen: ‘Están vivos’, ellos nos vieron, que los más peligroso que tenía era una roca que le impedía el paso del aire, se la quitaron, él dice: ‘Ahí está mi mamá’, llegamos a la clínica y el sistema colapsado. Uno entiende”, contó ella.

Mateo ahora tiene varias lesiones, pero agradece haber sobrevivir esta situación y todo lo que se sintió en ese momento, hasta el olor que mezclaba los escombros, sangre y los lamentos de otras personas que, lastimosamente, no sobrevivieron.

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