Establecer rutinas desde los primeros años de vida puede marcar una diferencia significativa en el desarrollo emocional, cognitivo y social de los niños. Expertos en educación infantil recomiendan comenzar a fortalecer estos hábitos desde los 2 años, una etapa considerada clave para la formación cerebral y la construcción de la autonomía.
De acuerdo con especialistas del colegio Vermont School, durante los primeros cinco años ocurre cerca del 90 % del desarrollo cerebral. En este periodo, las experiencias diarias y el entorno influyen directamente en procesos como el aprendizaje, la regulación emocional y la capacidad de adaptación.
¿Cómo ayudan las rutinas a los niños?
Carolina Orozco, directora de kinder de la sede El Retiro de la institución, explicó que las rutinas generan estabilidad y reducen el estrés infantil. “Las rutinas proporcionan a los niños un entorno predecible que reduce drásticamente los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Al saber qué esperar, desde la hora del juego hasta los momentos de descanso, el cerebro puede concentrarse en crecer y aprender”, señaló.
La directiva indicó además que estos hábitos ayudan a fortalecer la seguridad emocional de los menores y facilitan su adaptación a diferentes escenarios. “Esta estabilidad fomenta un apego seguro con los cuidadores y facilita la autorregulación, permitiendo que los niños naveguen transiciones complejas sin la ansiedad que suele detonar berrinches o bloqueos conductuales”, agregó.
De acuerdo con las rutinas implementadas por esta entidad, las mismas deberían incluir horarios organizados de alimentación, espacios de juego libre, momentos de descanso y dinámicas de transición entre actividades. Esto, con el objetivo es disminuir la incertidumbre y promover habilidades relacionadas con la independencia progresiva y la socialización.
Orozco aseguró que aprovechar esta etapa temprana resulta fundamental debido al alto nivel de neuroplasticidad del cerebro infantil. “Entre los 2 y los 5 años el cerebro experimenta su mayor nivel de plasticidad, por eso las experiencias y los hábitos que se construyen en este momento pueden convertirse en la base estructural del aprendizaje y la salud emocional a largo plazo”, afirmó.
La institución también sugiere incorporar herramientas enfocadas en la educación emocional, como la metodología RULER, desarrollada en la Yale University. Este modelo busca enseñar a los niños a reconocer y expresar emociones de manera adecuada desde edades tempranas.
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Especialistas coinciden en que el acompañamiento de las familias es determinante para consolidar estas dinámicas fuera del entorno escolar, y aseguran que mantener rutinas constantes en casa, especialmente relacionadas con el sueño, la alimentación y el tiempo de juego, puede fortalecer el bienestar emocional y el desarrollo integral durante la infancia.