En su reflexión dominical, monseñor Rafael de Brigard invitó a meditar sobre el valor de la corrección fraterna, a partir del Evangelio de Mateo 18,15-20, y recordó que la Iglesia, como toda comunidad humana, está integrada por personas con virtudes y capacidades, pero también con errores y fragilidades. “La Iglesia, que le pertenece a Dios, Él ha querido habitarla con seres humanos, necesitados todos de salvación”, afirmó. Desde esa perspectiva, corregir a quien se equivoca no debe entenderse como un acto de condena, sino como una expresión de amor y una oportunidad para recuperar el camino.
De Brigard también cuestionó la manera en que actualmente se juzgan los errores, especialmente a través de las redes sociales, donde una equivocación puede convertirse rápidamente en motivo de señalamiento y destrucción de la reputación. “Hoy en día está prohibido equivocarse en público”, señaló, al tiempo que pidió prudencia y recordó que “esa no es la metodología del evangelio”. Frente a la condena inmediata, propuso recuperar prácticas como escuchar, conversar y ofrecer oportunidades para cambiar.
Finalmente, monseñor De Brigard extendió la reflexión hacia la humildad necesaria para aceptar cuando somos nosotros quienes necesitamos ser corregidos. “Dios nos conceda la humildad para que cuando alguien nos llame a hacernos una corrección por lo que hacemos, por lo que decimos, por nuestras decisiones, por nuestro mal temperamento (...) uno tenga la sencillez del evangelio para decir muchas gracias y voy a tratar de corregirme”, expresó.
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