En su reflexión dominical, monseñor Rafael de Brigard invitó a los creyentes a volver a lo esencial de la fe cristiana: el amor a Dios y al prójimo. A partir del Evangelio de Mateo 22, en el que Jesús señala estos dos mandamientos como fundamento de la ley y los profetas, el religioso reflexionó sobre la necesidad de evitar que las normas, las preocupaciones cotidianas y los intereses personales desplacen lo verdaderamente importante. “Mientras el corazón no tenga claro para qué está en este mundo, todo eso es un poco inútil”, afirmó.
Monseñor De Brigard explicó que el amor a Dios debe reflejarse en las acciones hacia los demás, incluso cuando se trata de personas difíciles o con quienes existen diferencias. En ese sentido, cuestionó las dinámicas de odio, discriminación y polarización que dividen a la sociedad, y recordó que el mensaje de Jesús invita a responder con misericordia, perdón y solidaridad. “No tendría ningún sentido, no lo tiene, que uno sea un amante de Dios, un adorador de Dios, un seguidor de Dios, si eso no se traduce en amor al prójimo”, señaló.
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Finalmente, el religioso hizo un llamado a promover una educación familiar, escolar y universitaria que forme personas capaces de servir, comprender y acompañar a los demás, en lugar de fomentar únicamente la competencia. Para De Brigard, el amor debe convertirse en una guía para las relaciones humanas y en una respuesta frente a los conflictos de la sociedad.
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