La reflexión de monseñor Rafael de Brigard para el Jueves Santo ofrece una profunda invitación a comprender el corazón de la fe cristiana desde tres pilares fundamentales: el servicio, la Eucaristía y el sacerdocio. En diálogo con los padres Mauricio Urbina y Astolfo Moreno, se construye una mirada rica tanto teológica como pastoral que ayuda a aterrizar el sentido de esta celebración en la vida cotidiana.
Desde el inicio, se destaca que el Triduo Pascual contiene “los misterios principales de nuestra fe”, lo que sitúa al Jueves Santo como un momento clave para renovar no solo las prácticas religiosas, sino también las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. En este contexto, el gesto del lavatorio de los pies adquiere una fuerza simbólica enorme. Como se afirma en la reflexión, es “un gesto de servicio, de amor, de misericordia”, que rompe esquemas sociales y revela la esencia del mensaje de Jesús: servir sin medida.
Particularmente impactante es la explicación del padre Mauricio sobre quién realizaba este gesto en tiempos de Jesús: “lo hacía un esclavo… la persona más insignificante”. Esto resalta el contraste radical con Cristo, quien, siendo Maestro, se pone al nivel más bajo para enseñar desde el ejemplo. De ahí surge una conclusión clara: el cristiano está llamado a ser servidor. No se trata solo de participar en ritos, sino de encarnarlos en la vida diaria.
Otro eje central es la Eucaristía, descrita como “el tesoro de la Iglesia”. En palabras del padre Astolfo, allí “está presente Cristo… con su cuerpo, con su sangre… con su divinidad”. Esta afirmación no solo subraya la dimensión sacramental, sino que invita a una actitud de asombro y contemplación. La Eucaristía no es un acto repetitivo, sino un encuentro real que alimenta la vida espiritual y da sentido a la comunidad cristiana.
Además, se profundiza en el vínculo entre rito y vida. Una de las ideas más potentes de la reflexión es que “el rito tiene que ver con la vida”. Esto rompe la idea de una religión limitada al templo y la proyecta hacia el servicio concreto: visitar enfermos, acompañar al necesitado, ofrecer consuelo. Como sugiere Monseñor, el Jueves Santo es una oportunidad concreta para actuar: “que no pase este día sin que hagamos un servicio especial”.
Finalmente, la institución del sacerdocio se presenta como una prolongación del servicio de Cristo. No es solo una función, sino una participación en su entrega total. Por eso se insiste en que “si no hubiera el sacerdocio… tampoco habría la Eucaristía”, mostrando la profunda conexión entre ambos.