El fraude digital se ha convertido en uno de los principales desafíos para las entidades financieras y las empresas que ofrecen servicios digitales en América Latina. Aunque algunos indicadores muestran una reducción en los intentos sospechosos, las pérdidas económicas y las vulnerabilidades durante procesos como la creación de cuentas y el inicio de sesión mantienen la presión sobre las organizaciones para fortalecer sus mecanismos de identificación y prevención.
De acuerdo con el más reciente informe de TransUnion, el 26% de los consumidores consultados a nivel mundial aseguró haber perdido dinero por causa del fraude digital durante el último año. En América Latina, el porcentaje fue considerablemente mayor: 41% de los adultos afirmó haber enfrentado pérdidas económicas asociadas a este tipo de delitos.
El impacto financiero también resulta significativo. La pérdida mediana por consumidor en la región alcanzó los US$1.973, una cifra superior al promedio global y que refleja el alcance que puede tener un incidente de fraude sobre los usuarios.
El fraude digital requiere soluciones adaptadas a cada país
El estudio de TransUnion se realizó a partir de una encuesta global a 12.730 consumidores de 18 países y regiones. Sus resultados muestran que, pese a una reducción del 46% en la tasa de intentos sospechosos entre 2024 y 2025 en Latinoamérica, todavía existen puntos críticos durante el ciclo de relación entre una empresa y sus clientes.
Las mayores vulnerabilidades se concentran particularmente en la creación de cuentas y los procesos de inicio de sesión. En estas etapas, las compañías deben determinar si la persona que intenta acceder a un servicio corresponde realmente con la identidad que declara.
Para Diana Prada, VP Sales & Business Development de Become Digital, uno de los principales desafíos consiste en reconocer que las modalidades de fraude no son iguales en todos los mercados.
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“Un sistema entrenado para detectar irregularidades en documentos europeos o estadounidenses puede fallar al enfrentarse a una cédula colombiana o a una identificación mexicana”, explicó la directiva.
Las diferencias abarcan desde los materiales utilizados en los documentos hasta sus elementos de seguridad. Prada señala que pueden variar los hologramas, microtextos y materiales como Teslin, policarbonato o PET. A esto se suma la evolución constante de las técnicas utilizadas para alterar documentos y suplantar identidades.
Por esta razón, una tecnología desarrollada para identificar patrones de fraude en un determinado mercado puede necesitar ajustes para responder de manera efectiva a las características de otro país.
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Colombia enfrenta un escenario de alta exposición
El panorama también representa un desafío para Colombia. Según cifras presentadas por Asobancaria, el sistema financiero nacional enfrenta, en promedio, 94 ciberataques por segundo, además de 997 eventos diarios relacionados con robo de datos y 63 casos de suplantación de identidad cada día.
Los datos refuerzan la importancia de los procesos conocidos como Know Your Customer (KYC) y Know Your Business (KYB), utilizados para verificar la identidad de personas y empresas antes de establecer relaciones comerciales.
En Colombia, TransUnion reportó que la tasa general de presuntos fraudes digitales se ubicó en 2,3% durante 2025. Sin embargo, el indicador aumentó hasta el 7,2% durante la etapa de creación de cuentas, más del triple del promedio general.
Este punto resulta especialmente relevante porque corresponde al primer contacto formal entre una empresa y un potencial cliente. Una falla en esta etapa puede permitir el ingreso de un usuario fraudulento o, en sentido contrario, provocar el rechazo de una persona legítima.
Biometría y prueba de vida, herramientas contra el fraude
La biometría con prueba de vida se ha consolidado como una de las herramientas utilizadas para fortalecer el onboarding digital. Según proveedores especializados del sector, esta tecnología puede reducir entre 70% y 90% los casos de fraude durante el proceso de vinculación digital.
Sin embargo, el reto no consiste únicamente en incrementar los controles. Las empresas también deben evitar que los mecanismos de seguridad conviertan el proceso de registro en una experiencia demasiado compleja.
El estudio The Battle to Onboard, elaborado por Signicat, encontró que el 68% de los consumidores europeos abandonó completamente una solicitud de onboarding digital durante el último año. El dato evidencia el equilibrio que deben alcanzar las organizaciones entre seguridad y facilidad de uso.
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Tecnología global con conocimiento del mercado local
Ante este escenario, la discusión para las entidades financieras no necesariamente pasa por escoger entre soluciones tecnológicas internacionales o regionales. El criterio central debería ser la capacidad de cada proveedor para responder a las particularidades del mercado en el que opera.
Entre los aspectos que deben evaluarse están el reconocimiento de las diferentes versiones de los documentos de identidad que circulan en cada país, la identificación de sus elementos de seguridad, la consulta de fuentes oficiales y la actualización permanente de los modelos frente a nuevas modalidades de fraude.
Become Digital, compañía colombiana especializada en validación de identidad digital y prevención de fraude, plantea precisamente este enfoque. Su propuesta combina biometría con prueba de vida y verificación documental orientada a documentos de identidad utilizados en América Latina.
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La compañía también señala la importancia de utilizar fuentes oficiales para comprobar las identidades y, en procesos KYB, consultar registros empresariales como el Registro Único Empresarial y Social (RUES).
Inclusión financiera y prevención del fraude
El problema trasciende la seguridad informática. Para el sector financiero, los mecanismos de prevención también tienen un impacto directo sobre la adquisición y permanencia de clientes.
Según el Reporte de Inclusión Financiera de la Superintendencia Financiera y Banca de las Oportunidades, el 96,3% de los adultos en Colombia tenía al menos un producto financiero al cierre de 2024.
En este contexto, el desafío ya no está únicamente en ampliar el número de personas con acceso a productos financieros, sino en conseguir que esos productos sean utilizados de manera activa. Una validación que permite el ingreso de un defraudador genera pérdidas y riesgos para las entidades. Pero una validación que rechaza equivocadamente a un cliente legítimo también puede tener consecuencias comerciales, al generar frustración y dificultar que esa persona vuelva a utilizar el servicio.
La prevención del fraude, por tanto, debe avanzar hacia modelos que permitan identificar riesgos sin imponer barreras innecesarias a los usuarios.
Become Digital llevará esta discusión a la 60.ª Convención Bancaria de Asobancaria, en Cartagena, con el propósito de plantear al sector financiero la necesidad de abordar el fraude como un problema estructural. Para la compañía, la respuesta requiere combinar tecnología, verificación de identidad, conocimiento de las particularidades de cada mercado y mecanismos capaces de adaptarse a la evolución de las modalidades de suplantación.