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“Aún heridos e indefensos, masacraron a nuestros soldados”: sobreviviente de Dabeiba

Veinte años después de una de las peores matanzas de militares, un sargento, que entonces ayudaba a salvar vidas, recuerda la crueldad del episodio.

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Foto: suministrada

Fue el 19 de octubre del año 2000 cuando centenares de guerrilleros llegaron al casco urbano de Dabeiba, entrada al Urabá Antioqueño.

En ese momento una tropa del Ejército se encontraba garantizando la seguridad de la población y se vio envuelta en una confrontación siendo minoría, pero con el escudo heroico de defender a los civiles.

Ese día, 62 ocupantes en cuatro helicópteros, a punto de arribar, empezaron a recibir ataques con fusiles; el piloto de una de las aeronaves recibió un disparo en la cabeza, se desestabilizó y se vino a pique.

Testigos afirman que a varios de los uniformados los ultimaron con un tiro de gracia, y fueron pocos los sobrevivientes.

Uno de esos sobrevivientes fue el hoy sargento viceprimero Héctor Augusto Tapia, quien en ese entonces era enfermero y relató aquella historia de horror.

“Es una historia de 20 años que uno no quisiera se volviera a repetir. Fue muy triste cómo nos masacraron a 54 compañeros, y no nos dieron la oportunidad que nuestros heridos, ni los heridos de ellos tengan derecho a la vida, mi función no era tanto de guerra sino más bien salvar vidas”, dijo.

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No es justo ver cómo los bandidos aprovecharon para masacrar nuestros hombres, nuestros soldados, los mismos compañeros de ellos que caían heridos, porque nosotros estábamos era atendiendo heridos, pero desafortunadamente era tanta la capacidad inferior que teníamos ante ellos porque eran más de 800 hombres y nosotros solo contábamos con 68, de los cuales, 50 quedamos batallando
Relató.

El sargento Tapia contó que cuando los enfermeros se dirigían a atender heridos, la guerrilla se fue encima, les quitaron los camuflados, las prendas de vestir, y les asesinaron uno por uno.

Dice que mientras los colombianos veían una novela, o estaban entre su cotidianidad, no se alcanzaban a imaginar lo que sucedía en aquel sangriento combate.

“No sabían que su Ejército de Colombia estaba dando la vida por ellos para que un día este país tuviera un tranquilidad”, añadió.

Llegó un momento en que mi soldado Marín Restrepo José estaba atendiendo como tres o cuatro guerrilleros heridos, llegó la guerrilla y se le fue encima; me hirieron al enfermero, no respetaron ni siquiera que llevaba el logo de la Cruz Roja
Precisó.

“No le respetaron la vida ni a él, ni a los que estaban heridos; los heridos los remataron, a ellos les importaba era masacrar, a ellos no les importaba el pueblo colombiano, lo que les importaba era llenar el litro de sangre”, expresó el oficial que recordó ese día como uno de los más difíciles e inhumanos episodios.

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El uniformado también insistió en la necesidad de que la gente entienda que el Ejército también fue víctima del conflicto y pidió que, algún día, se comprenda que los militares entregan la vida por la tranquilidad de los ciudadanos, del país.

“Nuestra fortaleza jamás será derrotada, pues entre más ataques, más fortaleza”, insistió.

El sargento también habló sobre el perdón y el olvido. Manifestó que mientras en Colombia no haya una garantía y una equidad, jamás va a haber una reconciliación.

Precisó que en cualquier ciudad de Colombia hay nubes de odio, y que, mientras no haya unión, no habrá una verdadera paz.

“Porque no es nada más de los militares, estamos dispuestos a dar la vida por el pueblo colombiano, estamos dispuestos a eso”, dijo.

Los 54 militares tuvieron un entierro digno, pero cuestiona qué pasó con los cuerpos de las víctimas de la guerra, y cuenta que a la hora de hablar con las madres y las familias de quienes perecieron por culpa de la violencia, la pregunta sigue estando latente: ¿dónde están mis hijos? Su respuesta es “hay que devolverles esa pregunta a los bandidos”.

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Foto: Suministrada a BLU Radio

El sargento hoy tiene una hija de 19 años, estudiante universitaria, otro hijo de once años y él vive en Bogotá terminando su carrera militar, vive por su mamá y manifiesta que eso que sucedió, jamás lo va a olvidar.

Indicó además que siente como si se repitiera hoy aquella tragedia, tiene vivo el recuerdo algunos de los nombres de sus compañeros que, además, eran amigos.

Calificó como triste que eso suceda en el país, e insiste en que para restaurar las heridas, no hay que olvidar, y entregar mensaje a los que vienen, que “aunque haya manzanas podridas, siempre la gran mayoría son buenos”.

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