Las declaraciones del jefe de la cartera de Defensa se originan en la forma desafortunada -¿Y peligrosa, Ministro?- como se dieron a conocer las imágenes que registraron el paro armado ordenado por la banda criminal de los Úsuga. Según Villegas, los hechos fueron de menor gravedad y tuvieron menor trascendencia de la que se divulgó por las redes sociales. En otras palabras, el tal paro no existió.
Pero resulta que el paro armado ordenado por el Clan Úsuga sí existió y las redes sociales –como Twitter- no hicieron otra cosa que registrarlo. El daño y la intimidación a la población no fueron por cuenta de las redes sociales, sino por el poder intimidador de los fusiles de esa banda criminal. No culpe al mensajero, Ministro, como ocurría en la antigua Roma, donde los emperadores ordenaban la muerte de quienes fueran portadores de malas noticias.
Limitar la información, o regularla, Ministro, no es otra cosa que pretender censurarla, pues en Colombia -y en cualquier país del mundo- los medios de comunicación –y las redes sociales se comportan como tal- se rigen por el principio universal de la responsabilidad en el manejo de todo lo que se divulga. Quien rompa con ese principio –si injuria o calumnia, por ejemplo- recibirá la sanción que la Ley establece. Como diría un ex presidente de la República, en un sistema democrático es preferible una prensa desbordada que una prensa amordazada. ¿Usted prefiere amordazarla, Ministro?