Las cinco tareas que Uribe encomendó a quien gane candidatura presidencial
En un discurso enmarcado por duras críticas al Gobierno Santos, el expresidente Álvaro Uribe pidió a quien sea elegido para representar al partido en...
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las elecciones presidenciales de 2014 que realice cinco tareas “que ayudarán a devolverle la confianza a los colombianos”.
Aquí las cinco tareas de las que habló el expresidente durante su discurso en la convención del Uribe Centro Democrático.
Primera tarea: Recordar y restablecer la fe ciudadana en la seguridad como valor democrático y fuente de recursos, y en la paz, como hija de la seguridad y esquiva a la impunidad, que siempre espartera de nuevas violencias;
Segunda tarea: Recuperar la motivación de los soldados y policías de Colombia, que junto con la Constitución y la ciudadanía, son el fundamento en el cual reposa la seguridad. Nuestras Fuerzas Armadas están humilladas, encarceladas y sin esperanza.
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El Congreso y el Gobierno, con cambio de opinión, repentino e inexplicable de este último, degradaron a nuestros soldados y policías a la condición terrorista de victimarios reales y potenciales. Y los terroristas han sido promovidos al grado de actores de conflicto.
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El efecto jurídico es perverso y contundente: es igual que el soldado o policía, en cumplimiento del deber, cause la baja del terrorista, o que por acción de éste, sea asesinado. Asesinatos de policías y soldados de Colombia, que a diario se repiten, sin conmover al ejecutivo ni alterar el diálogo de La Habana, cuya única posibilidad de suspensión sería por razones de cálculo electoral, a fin de esconder, hasta más allá de las elecciones, aquellos secretos, que por el temor causado, el Gobierno y sus negociadores, responden con apaciguamiento al terrorismo cínico y desafiante,que amenaza con revelarlos.
La única esperanza que el Gobierno ofrece al efectivo o posible encarcelamiento de nuestras Fuerzas Armadas,es el beneficio de extenderles las normas de impunidad que atraen al terrorismo. Por supuesto que es una afrenta adicional al honor militar y policivo.
Tenemos el deber de promover una solución al encarcelamiento de nuestros soldados y policías. Consideremos la alternativa de una Norma Constitucional que por hechos de servicio o inherentes, ocurridos entre fechas definidas, permita para ellos la libertad condicional, con requisitos para recibir y mantener el beneficio. Además, debería analizarse la posibilidad de un Tribunal transitorio, o de un recurso excepcional, que revise los casos, con la participación de jurados de conciencia, ajenos a sesgos políticos.
Colombia debe evitar que se siga perdiendo la moral de las Fuerzas Armadas, que es el principio del marchitamiento de la confianza que habían ganado de la ciudadanía.
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Tercera tarea: Fortalecer la integración entre las Fuerzas Armadas y la ciudadanía. Propósito, entre los fundamentales de aquellos ocho años, fue elevar el prestigio de las Fuerzas Armadas,cimentado en la confianza y el afecto popular.
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Cuatro millones seiscientos mil cooperantes, sin armas y provistos de teléfonos y voluntad de comunicación, se enlistaron para informar a las autoridades uniformadas. Era el vínculo para construir confianza ciudadana y transparencia en la eficacia de la acción armada institucional. El esquema se ha perdido por falta de gerencia, hoy hay temor y, de nuevo, desencanto o desinterés para denunciar.
La cooperación ciudadana con las Fuerzas Armadas fortalece la seguridad institucional, y su ausencia la debilita y abre el camino a la dañina sustitución del Estado que aquí quiso hacer el paramilitarismo, desmontado por nuestro Gobierno, que hoy pretende resurgir como justificación del accionar delictivo de las bandas criminales, Bacrim. Caso delicado para observar es el nacimiento, en algunos estados mexicanos, de grupos de autodefensa, sustitutivos del Estado, que seguramente derivarán en el delito.
Observaba durante nuestros Gobiernos el positivo cambio de actitud ciudadana frente a los soldados y policías, cuando en las carreteras para saludarlos, niños o humildes compatriotas vendedoras de artesanías, con corazón latiente agitaban la bandera.
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En efecto, esto era lo contrario de lo sucedido a varias generaciones, que presionadas por ideas políticas, por la universidad y la difusión guerrillera, habían sido indiferentes o miraban a las Fuerzas Armadas incluso con desprecio.
No ha sido fácil construir afecto por los soldados y policías, pero puede ser más difícil reconstruirlo de no actuar a tiempo. El carácter partidista de nuestros ejércitos hasta el final de la Guerra de los Mil Días, en 1902, y de nuestra policía, hasta su unificación y nacionalización en los años 50, dejaron en muchos la huella de confundir la civilidad con la antipatía por las Fuerzas Armadas.
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Más adelante, cuando la tolerancia devino en permisividad con los terroristas, y estos, en sus diferentes modalidades, tomaron fuerza, un componente grande de la Nación llegó a creer que la institución armada no recobraría la seguridad. Fue muy importante que la fe hubiera nacido, la misma que ahora quisiera perderse y que no lo vamos a permitir.
En cuanto más avanza la tecnología más se facilita la colaboración ciudadana efectiva. El Centro Democrático debe apersonarse que las ciudades y municipios se saturen de cámaras de seguridad de última generación,con control estatal único y proveídas por modalidades de acuerdos con particulares que eviten altos costos fiscales.
Cuarta tarea: Se requiere que el Presidente de la República asuma el liderazgo, la construcción de la visión y el seguimiento diario de la política de seguridad.
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El discurso de la paz en desmedro de la seguridad desorienta, también la oferta de impunidad. La orden de combatir al terrorismo se ha neutralizado con la de asumir el asesinato de los soldados y policías como costo normal de las negociaciones de paz.
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La orden de combatir el narcotráfico se ha derogado con la noticia de que Colombia es el país con mayor porcentaje de universitarios consumidores de cocaína.
Esta lamentable noticia es producto del asedio de narcóticos y terrorismo a colegios y universidades, resultante de lafalta de autoridad y de la preferencia gubernamental por la legalización de la droga sobre el deber de aplicar la razonable política de la Norma Constitucional de 2009, que ordena llevar al consumidor al hospital o proveerlo con rehabilitación, adelantar arrolladoras políticas de prevención y conducir al narcotraficante o distribuidor a la cárcel.
No se puede seguir abusando del profesionalismo y subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil, que hicieron que durante el siglo anterior Colombia se constituyera en el país latinoamericano con menos años de dictadura, cuatro en total, mientras México, segundo en la calificación, tuvo doce años de privación democrática.
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Necesitamos un Presidente de Colombia que en lugar de desorientar a las Fuerzas Armadas e igualarlas con el terrorismo, las quiera y dirija.
Quinta tarea: La Patria demanda un Congreso que sin miedo ni vacilación apoye la seguridad como el conducto de la paz; un Congreso, que de manera ágil y periódica, denuncie los hechos de inseguridad y haga control político sobre las acciones para combatirlos, precaverlos y erradicarlos en todo el territorio.
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No puede ser que el discurso parlamentario de la paz siga de espaldas a la angustia ciudadana por la violencia.