Habla mujer que acabó con la vida del hombre que la abusó sexualmente: "Fui encarcelada”
“Yo ya sabía que no iba a salir de ahí con vida”, dijo. Tras resultar gravemente herido, el hombre huyó del lugar y murió minutos después.
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El 9 de diciembre de 2013, en la colonia Doctores de Ciudad de México, la vida de Yakiri Rubio dio un giro que, según sus propias palabras, “parecía una película de terror”. Tenía 20 años y salía de trabajar cuando fue interceptada por dos hombres en una motocicleta.
“Se me cierran, se me ponen enfrente de mí y es cuando yo dije: ‘no, ya me van a asaltar’”, recordó en entrevista con Pepe y Chema Podcast. Aunque intentó entregar sus pertenencias, uno de ellos le ordenó: “No, no. Súbete a la moto”, mientras le mostraba una navaja. Minutos después, fue llevada a un hotel de paso donde, afirma, fue golpeada y agredida sexualmente.
Ya dentro de la habitación, el principal agresor —a quien identificó como Miguel Ángel, de 37 años— la atacó con un arma blanca cuando ella intentó resistirse. “El primer navajazo fue directo al pecho, lo esquivé y me dio en el brazo”, narró.
En medio del forcejeo, aseguró que nunca tuvo el control del arma, pero que en un movimiento logró debilitarlo: “Le pongo mi rodilla en el bíceps, él pierde fuerza y ahí es cuando le vuelvo la navaja y no lo pienso dos veces”. La herida fue en el cuello, en la zona yugular, considerada letal.
“Yo ya sabía que no iba a salir de ahí con vida”, dijo. Tras resultar gravemente herido, el hombre huyó del lugar y murió minutos después.
Rubio salió del hotel ensangrentada y pidió ayuda a patrulleros cercanos. Sin embargo, horas más tarde su situación cambió radicalmente: pasó de denunciante a acusada. Fue procesada por homicidio calificado con las agravantes de ventaja y relación previa, bajo la primera versión oficial que la señalaba como pareja sentimental del fallecido y que lo habría atacado por celos.
“Nunca me notificaron que ya estaba siendo acusada”, afirmó. De haber prosperado esa imputación, enfrentaba una condena de entre 50 y 60 años de prisión, según explicó.
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El caso escaló mediáticamente y fue presentada como “asesina” en varios titulares. “Yo terminé con la vida de mi violador y después fui encarcelada”, sostuvo. Tras permanecer recluida en el penal de Santa Martha Acatitla, su defensa logró desmontar las versiones iniciales y argumentar legítima defensa.
Años después, el proceso judicial reconoció que actuó para proteger su vida en un contexto de violencia extrema, en un caso que abrió debate sobre el tratamiento judicial a mujeres que se defienden de agresiones sexuales