"No entendíamos qué estaba pasando", fueron las palabras de Giannina Brusatin, una caleña que estudiaba en Nueva York el 11 de septiembre de 2001 y que contó en Mañanas Blu con Ricardo Ospina cómo presenció el colapso del World Trade Center, las dos semanas de aislamiento obligado en Brooklyn y las secuelas emocionales de una tragedia que cambió el mundo.
Un estruendo bajo Wall Street y la llegada al salón de clases
La mañana del 11 de septiembre de 2001, Giannina abordó el metro en Manhattan para dirigirse a su universidad en Brooklyn. Mientras el convoy transitaba cerca de la estación de Wall Street, ocurrió un evento inusual bajo tierra:
"Ese día sí recuerdo que hubo un estruendo muy fuerte. Ahí paró y se apaga como toda la luz, pero el metro sigue", contó Yanina.
Sin sospechar lo que ocurría en la superficie, llegó tarde a su clase, pasadas las 9:00 de la mañana, encontrándose con un ambiente de absoluta incertidumbre. Todos sus compañeros estaban pegados a los ventanales que tenían una vista panorámica directa hacia el skyline del bajo Manhattan, mientras su profesor entraba y salía consternado intentando ubicar a un familiar que trabajaba en las torres.
El impacto de los aviones y el colapso en directo
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Desde el aula, la perspectiva hacia las Torres Gemelas era frontal. Lo que inicialmente parecía un incendio o una explosión en la primera torre tomó un giro trágico ante los ojos de los alumnos:
Minutos más tarde, el estupor se apoderó del salón al observar cómo la estructura del World Trade Center se desmoronaba envolviendo la zona en una nube de escombros.
"Se empezaron a caer el edificio del lado derecho y luego el del lado izquierdo y no entendíamos qué estaba pasando, porque era una estructura tan emblemática que uno veía siempre y contaba con esa vista y se empezaron a caer", contó la caleña.
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Aislada en Brooklyn: Un refugio entre extranjeros
Tras el atentado, la ciudad quedó sumida en el pánico y clausurada por completo.
"Fue horrible, porque yo venía de Manhattan y la universidad es en Brooklyn, y yo no pude volver a Manhattan como en casi dos semanas porque todo Nueva York cerró", dijo.
Ante la imposibilidad de regresar a su apartamento, Giannina se refugió a dos cuadras de la institución en la vivienda de una amiga venezolana, compartiendo estancia junto a otro compañero proveniente de San Diego.
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Ninguno de ellos era nativo de Nueva York. En medio de las limitaciones de comunicación de la época, utilizaba un teléfono móvil básico, el célebre Nokia 1100 o "panelita", y racionaba tarjetas de llamadas internacionales para contactar a sus padres en Londres, quienes cuidaban a su sobrino de cinco meses de nacido.
Transcurrida una semana y media de confinamiento, decidieron cruzar caminando el puente de Brooklyn para retornar a Manhattan, evitando el transporte subterráneo, debido al temor generalizado.
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"El aire era diferente", afirmó.
Al ingresar finalmente a su residencia, se encontró con una escena impactante en el teléfono fijo:
"Cuando llegué al apartamento me acuerdo que tenía la más cantidad de mensajes que he recibido yo en la vida, eran como 53, una cosa así", expresó.
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Se trataba de grabaciones acumuladas de familiares y amigos de su colegio en Cali, quienes buscaban desesperadamente confirmar que se encontraba con vida.
Escuche la entrevista aquí: