La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha emitido una alerta sobre la evolución del fenómeno de El Niño, previendo que se intensificará significativamente durante los próximos meses. Julián Báez Benítez, director de la Oficina Regional para las Américas, Secretaría de la OMM (Organización Meteorológica Mundial), señaló que los modelos climáticos más recientes confirman la magnitud del evento, el cual ha sido catalogado por diversos expertos como un "superniño".
Un fenómeno de intensidad extraordinaria comparable a 1997 y 1982
Según explicó el directivo de la OMM, las mediciones oceánicas registran un aumento atípico en las temperaturas del Océano Pacífico. "Los reportes actuales y los modelos climáticos para los próximos meses también indican un fenómeno El Niño muy fuerte e inclusive puede llegar a ser extraordinario", afirmó Báez Benítez.
El especialista detalló que "uno de los indicadores principales es la anomalía de la temperatura superficial del mar y esta se encuentra en este momento con valores de 2 grados por encima del promedio y se espera que aún aumente hacia finales de año".
Este patrón sitúa al fenómeno actual en un nivel "bastante intenso, muy comparable al de los años 97, 1997-98, y similar también al de 1982-83". Asimismo, se prevé que "la mayor intensidad de El Niño se daría a finales de año, entre diciembre, enero y febrero del próximo año", aunque el evento ya se encuentra instalado y acoplado con la atmósfera a nivel global.
Efectos en Latinoamérica: sequías, incendios y alteración del clima
Los impactos del fenómeno se manifestarán de forma diversa en el continente americano. En el norte de Sudamérica —incluyendo a Colombia—, así como en todo el Caribe y Centroamérica, "desafortunadamente el impacto suele coincidir con sequías bastante prolongadas". Esta escasez de lluvias trae consigo consecuencias severas como "incendios forestales" y problemas en el "desabastecimiento de agua".
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Por otro lado, la presencia de El Niño ha tenido un efecto visible en la dinámica de tormentas del Caribe, donde la temporada habitual se ha visto disminuida.
Báez Benítez explicó que el evento "coincide con una temporada de huracanes disminuida, pero en este año en particular no hemos tenido absolutamente ninguno" en su desarrollo habitual. Además, el contexto climático global muestra una atmósfera terrestre más cálida, tras registrarse un verano con temperaturas medias en el hemisferio norte del orden de los 16.9 ºC, por encima de cualquier registro del pasado.
Riesgos para la energía hidroeléctrica y el abastecimiento de agua
En países como Colombia, donde una parte sustancial de la energía se produce a través de plantas hidroeléctricas, la baja en los niveles de los embalses genera inquietud ante un posible riesgo de racionamiento o apagón. Al respecto, el representante de la OMM advirtió que "una disminución significativa en los embalses puede significar una reducción en la generación y tener que recurrir a otras fuentes de energía".
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Frente a la vulnerabilidad de los recursos hídricos, Báez Benítez enfatizó la necesidad de prevenir y conservar el recurso: "Lo más importante es tratar de mantener el agua disponible en la actualidad por medio de reservorios, tanques, de alguna manera".
También citó las experiencias en el nordeste de Brasil enfocadas en retener agua para el consumo poblacional y la generación eléctrica durante periodos secos.
Escuche aquí la entrevista: