¿Qué está pasando en el estrecho de Ormuz? Preocupación en la Organización Marítima Internacional
La OMI insiste en que la única salida viable es la vía diplomática. Entre tanto, miles de marinos permanecen en alta mar, a la espera de una solución que les permita regresar a puerto seguro.
La creciente tensión en el Estrecho de Ormuz ha encendido las alarmas de la comunidad internacional, luego de que ataques a embarcaciones y amenazas constantes paralizaran una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta. La Organización Marítima Internacional (OMI), organismo de Naciones Unidas encargado de la seguridad y eficiencia del transporte marítimo, expresó su profunda preocupación por el impacto global de esta crisis.
En entrevista con Mañanas Blu, con Néstor Morlaes, el secretario general de la OMI, el panameño Arsenio Domínguez Velasco, advirtió que, aunque jurídicamente el estrecho no está cerrado, en la práctica el tránsito marítimo se encuentra severamente afectado. “Las amenazas contra los buques mercantes realmente han paralizado todo el transporte”, afirmó.
Impacto global: petróleo, gas y alimentos en riesgo
El Estrecho de Ormuz es una arteria vital para la economía mundial. Por esta vía circula más del 20% del petróleo crudo comercializado a nivel global, además del 19% del gas natural licuado y cerca del 13% de productos químicos y fertilizantes. Esta situación no solo compromete el suministro energético, sino que también tiene efectos directos sobre la cadena alimentaria. Domínguez fue enfático al señalar la magnitud del problema: “El impacto es a nivel global, ya que tiene un efecto negativo en la cadena alimenticia”. La interrupción de estas rutas genera retrasos logísticos, incremento en costos de transporte y posibles desabastecimientos en distintos mercados.
Buques atrapados y marinos en riesgo
Uno de los datos más alarmantes revelados por la OMI es la cantidad de embarcaciones afectadas. Actualmente, cerca de 2.000 buques permanecen atrapados en el Golfo Pérsico sin poder cruzar el estrecho, mientras que en toda la región la cifra asciende a aproximadamente 3.000. En condiciones normales, alrededor de 130 buques transitan diariamente por esta estrecha franja de apenas 30 kilómetros de ancho. Sin embargo, hoy el flujo se ha reducido a “2 o 3 movimientos diarios”, según Domínguez.La crisis no solo es logística, sino también humanitaria. “Estamos hablando de 20.000 marinos y oficiales inocentes que vienen siendo afectados negativamente por esta situación”, indicó el funcionario, quien también confirmó que al menos 16 buques han sido atacados, dejando ocho fallecidos y varios heridos.
Estrecho de Ormuz.
Foto: AFP.
Ataques con drones y colapso logístico
Aunque no se ha confirmado la presencia de minas submarinas, la OMI sí ha verificado el uso de drones y misiles en los ataques contra embarcaciones, un patrón similar al observado en conflictos recientes en el Mar Rojo. Estas acciones han provocado un efecto dominó en el comercio internacional. Los buques no solo quedan inmovilizados, sino que pierden sus itinerarios, generando congestión en puertos y acumulación de mercancías en distintas partes del mundo.
Comienza entonces a crearse también un incremento de acumulación de cargas (…) lo que nos lleva a situaciones similares a las vividas durante la pandemia del COVID-19
explicó Domínguez.
¿Existen rutas alternativas?
A pesar de la resiliencia del sector marítimo, las alternativas al Estrecho de Ormuz son limitadas. La infraestructura existente no permite suplir los volúmenes de gas y otros productos que transitan por esta zona.“El transporte multimodal viene siendo afectado, ya que las refinerías y algunos puertos han sido atacados”, detalló el secretario general, subrayando que las rutas alternas no logran compensar la demanda global.
Llamado a la diplomacia y al multilateralismo
Frente a este escenario, la OMI ha convocado reuniones urgentes y mantiene comunicación constante con Estados miembros y otras agencias de Naciones Unidas para buscar soluciones diplomáticas.
“El llamado siempre es a desescalar (…) y que el transporte marítimo no sea utilizado como una herramienta de poder dentro de estos conflictos”, sostuvo Domínguez tras reiterar que las consecuencias recaen principalmente sobre la población mundial.Asimismo, no descartó la posibilidad de impulsar pausas al fuego que permitan evacuar buques y garantizar la seguridad de las tripulaciones.
Un sistema no preparado para la guerra
La crisis también reabre el debate sobre la vulnerabilidad del sistema marítimo global. Los buques mercantes no están diseñados para escenarios bélicos, ni sus tripulaciones entrenadas para enfrentar ataques.“Los buques mercantes no están capacitados para defenderse, y la gente de mar tampoco está entrenada para el combate”, enfatizó Domínguez, descartando cambios estructurales inmediatos en la industria.