La crisis energética en Cuba ha alcanzado niveles críticos, dejando a gran parte de la isla en una oscuridad casi permanente. Manuel Cuesta, activista y residente del reparto Alamar en La Habana, describió en Mañanas Blu una situación de precariedad extrema donde el gobierno intenta gestionar el colapso mediante la rotación de suministros mínimos para contener el malestar social.
Según Cuesta, el sistema eléctrico funciona bajo una lógica de supervivencia política:
“Se inventaron sus circuitos para que las zonas que no hayan tenido corriente puedan tenerla y las que lo tuvieron, pues deben pasar a la zona de sacrificio”, dijo.
La Habana a oscuras y provincias en el olvido
Aunque en la capital la situación es grave, con apagones que pueden durar 23 horas y 50 minutos, dejando apenas 10 minutos de luz para tareas imposibles, el panorama en el resto del país es desolador.
Cuesta denunció que en las zonas no turísticas de las provincias, el promedio es de solo dos horas de corriente al día, llegando en ocasiones a pasar hasta 72 horas seguidas sin servicio.
“Solo dos horas de corriente al día en zonas no turísticas. La resiliencia y resistencia de los cubanos ya está en su límite”, sentenció el invitado, afirmando que, incluso, zonas anteriormente privilegiadas de La Habana, como el Vedado o Miramar, están sufriendo la falta de energía de manera constante.
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Salud en cuidados intensivos
Uno de los aspectos más desgarradores de la crisis es el impacto en el sistema sanitario. Ante la falta de fluido eléctrico, las cirugías programadas han sido suspendidas indefinidamente, limitándose la atención a urgencias extremas en los pocos hospitales que cuentan con plantas eléctricas, como el Calixto García. Cuesta relató casos dramáticos, como el de mujeres con cáncer en Matanzas que no pueden ser intervenidas:
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“Están ahí preparadas y preparándose mentalmente para fallecer porque no hay posibilidad de operarlas”, enfatizó.
En algunos centros, la solución ha sido la importación rápida de paneles solares, pero su uso es tan restringido que “apagan la energía acumulada y esperan al próximo accidente que llegue”.
Colapso del transporte y economía de "comarca"
La falta de combustible, necesaria para alimentar las plantas térmicas, ha paralizado también la movilidad. Cuesta asegura que el transporte público ha colapsado totalmente, obligando a la población a realizar una “vida de comarca, de ciudades feudales”.
La movilidad en la capital se ha reducido en un 60%, y los precios del transporte privado se han cuadruplicado, pasando de 200 a 800 pesos cubanos por trayectos básicos,.Esta parálisis económica ha forzado a los trabajadores del turismo a intentar "reinventarse" en el pequeño sector privado o a buscar desesperadamente salidas del país a través de embajadas europeas.
Mientras tanto, la falta de refrigeración pone en riesgo la poca comida disponible en los hogares, agravando una crisis que Cuesta define como “abierta y profunda”.
Escuche la entrevista aquí:
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