El presidente del Senado, Honorio Henríquez,ofreció un discurso trascendental durante la posesión presidencial de Abelardo De La Espriella. El acto, contó con la presencia de delegaciones internacionales de alto nivel, mandatarios latinoamericanos y el rey Felipe VI de España. El discurso no solo delineó los graves problemas que enfrenta el país, sino que también hizo un llamado enérgico para superar las divisiones artificiales y la confrontación constante.
El presidente del Senado describió un panorama nacional crítico, señalando que el orden público está profundamente perturbado, la inseguridad es agobiante, la situación fiscal es crítica y la soberanía energética está comprometida. Asimismo, denunció que la corrupción se apropia durante la noche de lo que los colombianos logran producir durante el día, afectando gravemente sistemas clave como el de salud.
En este contexto de crisis, se destacó la angustia de las familias del Caribe que deben decidir entre pagar las costosas tarifas de energía o llevar comida a sus hogares.
A su vez, se mencionaron las duras realidades de las madres que batallan por conseguir medicamentos vitales, los campesinos amenazados por el reclutamiento forzado de grupos criminales y los jóvenes que huyen al extranjero por la falta de oportunidades en su tierra.
El "Consenso por Colombia" frente a las sombras del caudillismo
Para superar esta alarmante realidad, el presidente del Senado planteó la creación de un consenso nacional, advirtiendo que no es momento de imponer criterios desde el gobierno, sino de liderar diálogos significativos.
El senador argumentó que debilitar a los partidos políticos para centralizar el poder o imponer una voz oficial termina por destruir la democracia y fortalecer el caudillismo.
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Para ilustrar este punto, hizo referencia a la transición democrática de España en 1977, cuando los líderes de diversas vertientes políticas declinaron rencores para construir un plan próspero, demostrando que el ejercicio político no debe medirse por la intensidad de la confrontación.
También citó el legado histórico de Rafael Núñez y sus llamados a converger hacia fines colectivos, destacando que el Congreso actual posee una amplia mayoría dispuesta a defender las libertades individuales, la democracia y la iniciativa privada.
Seguridad, reforma fiscal y reactivación económica
La agenda legislativa propuesta de manera prioritaria incluye un trabajo conjunto e inmediato entre el gobierno, el Congreso, los gremios, la academia y el sector privado. Entre los temas urgentes a tratar se encuentran la reactivación económica, la reducción de impuestos que asfixian al sector productivo, la recuperación minero-energética, el rescate del campo y la consolidación del catastro multipropósito.
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El Congreso se declaró preparado para tramitar la reforma tributaria anunciada para septiembre, el plan de desarrollo, el ajuste fiscal para reducir el tamaño del Estado y el presupuesto para el año 2027.
Adicionalmente, se planteó un marco de incentivos para el retorno de empresarios y profesionales que migraron en estampida.
En materia de seguridad, el llamado fue directo: es inaplazable desplegar una gran ofensiva nacional contra las organizaciones criminales y destruir de manera conjunta las 330,000 hectáreas de coca que financian la violencia.
El discurso tuvo un momento de solemne reflexión al evocar el magnicidio de Miguel Uribe Turbay ocurrido hace un año, un hecho que recordó de forma cruel que ninguna diferencia ideológica puede justificar jamás la barbarie.
Se recalcó que la democracia se fortalece cuando las diferencias se ponen al servicio del bien común y cuando la sociedad comprende que la paz real no se decreta mediante leyes, sino que se construye a diario aportando salud, educación y oportunidades reales a las familias.
Acá el discurso completo: