Fernando Carrillo, nuevo procurador general de la Nación
La terna estaba integrada, además, por la exmagistrada María Mercedes López y el exvicefiscal Jorge Fernando Perdomo.
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Con un total de 92 votos a favor y 3 en blanco, Fernando Carrillo fue elegido procurador general de la Nación por el Congreso de la República.
Carrillo contó con el apoyo del Partido de la U, Cambio Radical, Alianza Verde, Opción Ciudadana, Centro Democrático y movimientos independientes, además de algunos congresistas del Partido Conservador.
"Debemos producir respeto y no miedo a los funcionarios públicos y a los ciudadanos. Será la única forma de que a los corruptos de verdad les vaya muy mal en los próximos 4 años", dijo Carrillo luego de la elección.
Carillo señaló que llegar a la Procuraduría General de la Nación, en este momento de transición hacia la paz, "es el máximo honor que se puede prodigar".
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"Me propongo hacer una Procuraduría que no sea vocera de los radicalismos y que sea tribuna del derecho y de la seguridad jurídica. Una Procuraduría que nunca sea un instrumento de persecución política", explicó.
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Además aseguró que el Ministerio Público se tiene que "desbogotanizar" para hacer más presencia en los territorios, especialmente en las zonas de conflicto.
Despolitizar la entidad, principal reto para Carrillo
El principal reto será despolitizar la entidad, mejorar la imagen y atacar la corrupción, recuperar la credibilidad de la institución y ser independiente del Ejecutivo, así como vigilar la transparencia de la aplicación de lo acordado entre el Gobierno Nacional y las Farc.
Para la procuradora encargada Martha Isabel Castañeda, también se deben modificar algunos puntos en la entidad.
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"Se requiere aumentar la capacidad de reacción la Procuraduría, se debe velar por fortalecer las entidades regionales y mejorar las unidades de la sala penal, familia, administrativa", dice.
Para Pablo Bustos, presidente de la Red de Veedurías, el principal reto "será despolitizar sus funciones y defender los derechos humanos de los ciudadanos".
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Para el exprocurador Jaime Bernal Cuellar, su reto está en velar por los acuerdos de paz y manejar la entidad sin vicios políticos.
Perfil de Fernando Carrillo
En 1990, un joven Fernando Carrillo hacía eco en la opinión pública en medio de la expectativa que generaba la nueva Constituyente. Él, junto con el expresidente Alfonso López Michelsen, ayudó a impulsar el movimiento estudiantil más exitoso de la historia política de Colombia, la Séptima Papeleta, que proponía incluir un séptimo voto en las elecciones de marzo de 1990 para Senado, Cámara de Representantes, Asamblea Departamental, Juntas Administradoras Locales (JAL), Concejo Municipal y Alcaldes.
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Esos jóvenes, entre los que participaron la hoy senadora verde Claudia López, solicitaban una reforma constitucional mediante la convocatoria de la Asamblea Constituyente.
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Con solo esa vitrina, el joven Carillo se convirtió en uno de los creadores de la Fiscalía General de la Nación y la Corte Constitucional. Carillo ya empezaba hacer carrera en la convulsionada política colombiana de finales de los 80 y 90, empañada por atentados terroristas, crimines contra candidatos presidenciales, narcotráfico, paramilitarismo y corrupción. La radiografía de una Colombia agitada.
Ingresó a la política colombiana desde muy joven, cuando la voz de Luis Carlos Galán resonaba en los micrófonos. Él era el jefe de Juventudes de su Movimiento Nuevo Liberalismo. Posteriormente, fue consultor en Finanzas Públicas en la Contraloría General de la República de Colombia para la Organización de las Naciones Unidas, entre 1988 y 1990.
Con apenas 28 años fue ministro de Justicia de César Gaviria, entre 1991 y 1992. Sus compañeros eran parte de la escuela gavirista del momento, Mauricio Vargas, Miguel Silva, Ricardo Santamaría, Fabio Villegas y Eduardo Mendoza. Eran tiempos en lo que Pablo Escobar era el foco principal del gobierno y justamente el narcotraficante se fugó de su guarida pública, La Catedral, días después de la salida de Carrillo de ese ministerio.
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Cita el portal La Silla Vacía, que “a pesar de que en ese momento el ministro de Justicia era Andrés González Díaz, las acusaciones más fuertes cayeron sobre Carrillo por la política penitenciaria”.
Luego de eso, Carrillo se esfumó de la política colombiana para fortalecer su hoja de vida como abogado en el exterior. Fue un alto ejecutivo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y continuó llevando a Colombia en su pluma en su columna en El Espectador.
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De la mano de Santos
Tiene buena relación con el presidente Santos, tanto así que acompaña desde su primer día de labores en Palacio. Apenas Santos se instaló en la Casa de Nariño, lo llamó para hacer el empalme entre el gobierno de Uribe con el de él. Luego del trabajo, Santos lo nombró director de la recién creada Agencia Jurídica de Defensa de la Nación y además lo asesoró en la crisis que desató la polémica reforma a la Justicia, en junio de 2012.
De Santos, además, ocupó una de las carteras más importantes del gabinete, fue ministro del Interior en reemplazo de Federico Renjifo hasta el 5 de septiembre de 2013, quien terminó debilitado por el paro agrario. Sin embargo, el presidente no lo dejó sin tribuna, pues lo envió en un avión directo a España para ser su embajador en el país ibérico.
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Por eso, en los pasillos del Congreso se rumoró durante días que el presidente tenía dos candidatos: la conservadora María Mercedes López, pero de dientes para adentro le apostó toda a su amigo Fernando Carrillo.
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Hoy, este abogado de la Universidad Javeriana con dos maestrías, una en finanzas públicas y otra en políticas públicas, ambas de Harvard, y con 53 años de edad es el reemplazo de Alejandro Ordóñez en la cabeza de una de las entidades públicas más publicitadas en los recientes años en la agenda mediática de Colombia: la Procuraduría General de la Nación.
Un procurador que aseguró en la audiencia del pasado martes en el Senado que será “el líder de una organización abierta, moderna e incluyente”.