"La niñez no se toca. Mucho menos para la guerra". Ese es el llamado que hace el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF, tras la confirmación de que tres menores de 15 y 16 años murieron durante la Operación Amón, desarrollada en zona rural de El Retorno, Guaviare, contra una estructura de las disidencias de alias ‘Calarcá’.
Más allá de las acciones militares y judiciales que se adelantan frente al reclutamiento de menores, el ICBF puso el foco en la prevención y en la necesidad de llegar a las comunidades antes de que los grupos armados conviertan a niños, niñas y adolescentes en instrumentos de la guerra.
La directora del ICBF, Carolina Restrepo, aseguró que el instituto ya tiene presencia en los territorios y que este trabajo será fortalecido, con mayor cobertura y especial atención en las zonas donde la niñez se encuentra en mayor riesgo.
“Vamos a trabajar con las familias, a escuchar directamente a la niñez y la adolescencia y a actuar sobre las condiciones que están aprovechando los criminales para reclutarlos, utilizarlos y violentarlos”, señaló Restrepo.
Para el Instituto, la prevención no puede comenzar cuando un menor ya fue reclutado. La apuesta es identificar previamente las condiciones de vulnerabilidad que pueden ser aprovechadas por los grupos armados para captar a los menores y fortalecer el acompañamiento a las comunidades.
El caso de Guaviare volvió a poner sobre la mesa la gravedad de esta problemática. El Ministerio de Defensa confirmó que tres de los diez combatientes muertos durante la operación eran menores de edad: dos tenían 15 años y uno, 16. Las autoridades calificaron el reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado como un crimen de guerra y una grave violación del derecho internacional humanitario.
Publicidad
Frente a este panorama, Restrepo también destacó la importancia de escuchar a quienes han vivido directamente el reclutamiento. En ese proceso participa Deisy Dorelly, quien fue reclutada cuando era menor de edad y hoy trabaja en el ICBF. Su experiencia, según la directora, será fundamental para comprender las dinámicas de las comunidades y mejorar las estrategias de prevención.
La apuesta del Instituto es entonces llegar antes: fortalecer el trabajo territorial, acompañar a las familias, escuchar a los menores y actuar sobre los factores que los ponen en riesgo.