La sombra de la crisis de Siria cubre la cumbre de jefes de Estado del G20
Los líderes del G20 comienzan este jueves su cumbre anual en San Petersburgo, centrada en el terreno económico en el crecimiento y el empleo, pero con...
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la sombra de la crisis siria dominando el ambiente.
La cita arrancará por la tarde con una recepción oficial en la que Vladímir Putin, presidente de Rusia, que ostenta este año el liderazgo rotatorio del G20, recibirá en el Palacio de Constantino al resto de los mandatarios.
Tras la ceremonia, los líderes mantendrán una primera reunión para hablar del "crecimiento económico y economía global", y más tarde asistirán a una cena donde debatirán sobre "crecimiento y desarrollo para todos", según el programa oficial difundido.
Los mandatarios aprovecharán la mañana, antes del comienzo de los actos oficiales, para mantener diversos encuentros bilaterales, donde tendrán ocasión de abordar asuntos políticos de actualidad.
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Entre ellos, la posibilidad de un inminente ataque a Siria como castigo al régimen de Bashar Al Asad por el supuesto empleo de armas químicas contra la población, para el que el que el presidente de EE.UU., Barack Obama, tratará de recabar apoyo entre los aliados.
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La crisis de Siria, que oficialmente está fuera de la agenda, se ha colado de tal modo en la cumbre que el Kremlin no descartó totalmente que pueda ser objeto de un debate formal.
El líder del Kremlin, principal aliado del régimen sirio, flexibilizó su postura de rechazo frontal a una intervención contra Siria, al señalar que la apoyaría en caso de comprobarse que Damasco empleó armas químicas, aunque sólo si existiese el aval del Consejo de Seguridad de la ONU.
Uno de los mayores apoyos de EE.UU. en ese asunto, el presidente francés, François Hollande, también se encuentra en la cumbre y mantendrá mañana una reunión bilateral con Obama.
El asunto de última hora más caliente que deberá afrontar la cumbre y que más preocupa en la actualidad a las economías emergentes será la posible reducción de los estímulos monetarios en Estados Unidos, concretamente la conclusión de la llamada flexibilización cuantitativa (QE), algo que preocupa a las economías en desarrollo, sobre todos los BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica).
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Con EFE.