La visita del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, a Colombia abre un nuevo capítulo en la relación bilateral, marcada por la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado, la cooperación en inteligencia y los asuntos comerciales. Sin embargo, para el exembajador de Estados Unidos en Panamá John D. Feeley, la agenda no debería concentrarse únicamente en una política de “mano dura”, sino también abordar el estado de la democracia y el respeto por los derechos humanos.
En entrevista, Feeley consideró que la presencia de Rubio en Colombia constituye una señal de la importancia que tiene la región andina para el Gobierno de Donald Trump. No obstante, expresó preocupación porque, según lo conocido previamente sobre la agenda, no habría suficiente énfasis en asuntos relacionados con las instituciones democráticas.
“Lo que me sorprende y me decepciona francamente es que falta de esa agenda cualquier indicación de que vayan a hablar los líderes y el secretario de la calidad de la democracia en la región”, aseguró el exdiplomático.
Feeley también llamó la atención sobre la situación política de varios países latinoamericanos y mencionó particularmente el caso de Perú, Venezuela y Nicaragua. En el caso colombiano, sostuvo que el país enfrenta un escenario político que exige diálogo y fortalecimiento institucional.
“Con un país totalmente dividido por su voto popular, con un nuevo presidente debidamente constitucionalmente elegido, pero con muy poco margen de maniobrar en el Congreso. Entonces eso requiere diálogo, eso requiere los dime diretes de la democracia”, afirmó.
Crítica a la política de “mano dura”
Uno de los principales cuestionamientos del exembajador está relacionado con el énfasis que, a su juicio, están dando Colombia y Estados Unidos a las operaciones militares contra el narcotráfico.
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Feeley reconoció que existe una oportunidad para retomar la cooperación entre ambos países, especialmente después de lo que calificó como un distanciamiento durante el Gobierno del expresidente Gustavo Petro. Dijo estar a favor de recuperar la cooperación en inteligencia y capacitación que se había construido durante más de dos décadas.
“Yo no tengo ningún problema. De hecho, yo digo enhorabuena y hago votos para que el presidente de la EPL retome la mano de colaboración”, señaló.
Sin embargo, advirtió que esa cooperación no puede limitarse al componente militar. Para él, Estados Unidos y Colombia deben trabajar también en el fortalecimiento de la justicia y del Estado de derecho.
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“Lo que me provoca, digamos, ansias es que solamente está tomando una de las manos que debe tomar: la mano de guerra, la mano de la fuerza, la mano de mano dura”, afirmó.
En ese sentido, planteó una serie de interrogantes sobre las prioridades de la cooperación bilateral: “¿Dónde está la mano de construir en Colombia una judicatura capaz de procesar y juzgar, encarcelar los delincuentes?, ¿dónde está la mano para entrenar a los colombianos proseguir en su mano dura, pero con respeto a los derechos humanos?”.
El exembajador fue incluso más allá al cuestionar las operaciones contra presuntas embarcaciones vinculadas con el narcotráfico en aguas internacionales. Según dijo, algunos de estos ataques podrían constituir “ejecuciones extrajudiciales”.
“Un solo comandante puede decidir quién vive, quién muere por un dron encima de una supuesta población de pescadores”, manifestó.
Feeley también hizo referencia al resultado electoral que llevó al poder al nuevo Gobierno colombiano y sostuvo que, aunque el mandatario obtuvo la mayoría de los votos y tiene legitimidad democrática, eso no significa que pueda gobernar sin controles institucionales.
“El mero hecho de que un presidente gana una elección no debe significar que puede gobernar como autócrata”, afirmó.
A su juicio, la política de mano dura ha demostrado limitaciones en distintos momentos y, además, ha estado acompañada de vulneraciones a los derechos humanos.
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“Escoger una política de mano dura que ya francamente, entre nosotros, ha fracasado una y otra vez y ha producido una y otra vez violaciones de los derechos humanos”, sostuvo.
Feeley recordó que Colombia ha vivido durante décadas las consecuencias de la violencia y las violaciones de derechos humanos, por lo que consideró fundamental que la lucha contra las organizaciones criminales se desarrolle dentro del marco legal.
Comercio, otro de los temas de la visita
Aunque la seguridad y la lucha contra el narcotráfico aparecen como asuntos centrales de la relación entre Bogotá y Washington, el comercio también está previsto dentro de las conversaciones.
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Feeley se refirió a los aranceles impuestos por Estados Unidos a productos colombianos y señaló que cualquier decisión para reducirlos sería positiva para ambos países.
“Si él lo hace, si Rubio lo hace, excelente, porque los aranceles son francamente un impuesto sobre los consumidores americanos y nos gustaría tener el buen café colombiano a un precio menor”, dijo.
Para el exembajador, la visita de Rubio representa una oportunidad para fortalecer la cooperación bilateral, pero también para discutir los límites y responsabilidades que deben acompañar una estrategia de seguridad.
El llamado de Feeley es, en últimas, a que la “mano dura” contra el narcotráfico y el crimen organizado no termine desplazando otros componentes esenciales de la democracia: la independencia de las instituciones, el debido proceso, la justicia y el respeto por los derechos humanos.