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No nos podemos seguir matando, como si no conociéramos otra manera de solucionar las diferencias

El espiral de violencia solo deja heridas, dolor y muerte.

Albert Linero Instagram @PLinero.jpeg
Albert Linero
Foto: Instagram @PLinero

Saltan videos de todo tipo exponiendo violencia en las redes: jóvenes agredidos por las fuerzas del orden; policías agredidos por algunos encapuchados; heridos que muestran su dolor y su indignación; policías que se manifiestan impotentes ante los ataques de algunas turbas; las imágenes de civiles armados y disparando contra la minga indígena en las calles de Cali; grescas y ataques entre ciudadanos. Esos son los videos que impulsan las emociones desde las redes y que permite que algunos se sientan más enardecidos y otros sintamos dolor y la necesidad de que esta violencia termine.

Está claro que la protesta es legítima y que la gran mayoría la ha hecho pacíficamente, esto lo digo porque no podemos dejar que ninguna de esas manifestaciones deslegitimen un clamor honesto que necesita ser escuchado. Y también está claro que el único camino de solución es el diálogo, uno sincero, abierto y constructivo con todos los actores de la sociedad, pero sobre todo con los manifestantes, con los que están en las calles exponiendo sus inconformidades.

No podemos justificar ningún tipo de violencia, no nos podemos seguir matando como si no conociéramos otra manera de solucionar nuestras diferencias. Es hora de entender que ningún tipo de agresión genera verdaderas soluciones. Tenemos que serenarnos y sentarnos a encontrar lo que nos une, y desde allí, comenzar a construir las respuestas que todos necesitamos.

No se trata de abdicar de los intereses y de las peticiones que se tienen y que son válidas y necesarias, sino de entender que no podemos seguir en esta espiral de violencia que sólo deja heridas, dolor y muerte. Tenemos que saber escuchar y comprender lo que los demás sienten, piensan y viven. No es el momento para la soberbia y el desconocimiento de los derechos de los otros.

Tengo confianza en que somos capaces de construir una sociedad más equitativa y justa desde el diálogo. Creo en las expectativas y en la fuerza de esos jóvenes que hoy reclaman y que nos dicen que no están dispuestos a seguir viviendo de la misma manera. Confío en nuestra sensatez para entender que nuestra historia nos ha dejado claro que la violencia no ha resuelto verdaderamente nuestros mayores conflictos.

Me niego a creer que la única manera de relacionarnos tiene que ser desde esa violencia. Podemos trabajar por una sociedad en la que impere el diálogo, y en la que podamos construir desde las diferencias. Yo lo creo.

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