En estos tiempos hablamos mucho de autocuidado. Celebro que así sea. Conozco personas que durante buena parte de su vida atendieron las necesidades de todos y dejaron las propias para después. Aprender a descansar, poner límites y reconocer el cansancio son actividades que mejoran nuestra calidad de vida.
El problema aparece cuando utilizamos ese lenguaje para justificar decisiones que afectan a otros. Alguien deja de cumplir un compromiso porque necesita "proteger su paz". Otro desaparece de una relación sin dar explicaciones porque está priorizando su bienestar. También ocurre cuando evitamos acompañar a una persona cercana en un momento difícil porque su situación nos carga demasiado.
Compartir la vida con otros produce incomodidades. La amistad exige escuchar algunas historias varias veces. Una pareja atraviesa temporadas en las que uno tendrá que asumir más responsabilidades. Los hijos alteran planes. Los padres envejecen y comienzan a necesitar ayuda. Un amigo puede llamarnos precisamente el día en que queríamos descansar. Cada situación tendrá sus límites, aunque formar vínculos implica aceptar cierta cuota de esfuerzo. Esas son consecuencias de compartir la vida con otros.
También he tenido que aprender a revisar mis propias decisiones. Hay momentos en los que necesito estar solo y cuidar mis fuerzas. En otros descubro que simplemente quiero evitar una conversación difícil. Ponerle a esa decisión el nombre de autocuidado puede tranquilizar mi conciencia, pero el nombre no cambia lo que estoy haciendo.
Me sirve pensar en las consecuencias. Una decisión saludable debería ayudarme a vivir mejor y a relacionarme de una manera más sana. Cuando mi bienestar depende constantemente de que los demás se adapten a mis necesidades, conviene revisar lo que estoy entendiendo por cuidado personal. Es probable que estemos ante actitudes egoístas.
Cuidarse incluye dormir bien, descansar, pedir ayuda y establecer límites claros. También supone hacerse responsable de los compromisos adquiridos y considerar el efecto de nuestras decisiones sobre quienes comparten la vida con nosotros.
Publicidad
El bienestar personal necesita espacio para los demás. Somos seres vinculados. Parte de nuestra salud emocional se construye aprendiendo a cuidarnos mientras seguimos siendo personas confiables para quienes nos quieren.