El número apareció en la pantalla y por unos segundos Matías Luengas Vergel no supo cómo reaccionar. Había intentado varias veces ingresar a la plataforma del ICFES, pero cuando finalmente pudo hacerlo, encontró una cifra que parecía imposible: 500 de 500.
El puntaje perfecto en las pruebas Saber 11 estaba frente a él y, con apenas 16 años, acababa de cerrar su etapa escolar con el resultado académico más alto posible.
Yo honestamente no me lo podía creer, quedé totalmente tieso porque no me esperaba ese resultado
La sorpresa también alcanzó a sus padres. Siempre supieron que su hijo tendría un resultado sobresaliente, pero ninguno imaginó que llegaría al máximo. Para Liliana Vergel, su madre, ese 500 representa mucho más que una calificación; es la recompensa por años de disciplina y constancia. Desde que ingresó al jardín, recuerda, Matías se destacó académicamente.
Las primeras señales aparecieron incluso antes del colegio. Durante las novenas de Navidad, cuando apenas tenía tres años, ya leía frente a los vecinos; “decían que leía mejor que los que estaban más grandecitos que él”, cuenta su madre.
Su padre, Weimar Luengas, guarda otra escena de aquellos primeros años. En el jardín, una profesora intentó advertirles a los niños que serían castigados si se portaban mal y señaló el tablero como prueba. Matías levantó la mano y la corrigió: “Profesora, usted está diciendo mentiras, ahí no dice eso”. Para su padre, aquella anécdota mostraba desde temprano una característica que todavía lo acompaña: la necesidad de entender las cosas por sí mismo.
Con los años, esa curiosidad encontró en las matemáticas su lugar natural. Matías explica que le gustan porque le dan orden y certeza. “Un cálculo siempre va a dar lo mismo”, dice. Esa posibilidad de encontrar una respuesta y comprobar que el resultado permanece igual es, para él, parte de la belleza de los números.
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Pero su historia no es la de un estudiante que pasó los últimos años encerrado estudiando. Su rutina tenía espacio para descansar, compartir con su familia y practicar baloncesto. Llegaba del colegio, almorzaba y, después de un descanso, comenzaba sus tareas. No necesitaba pasar toda la tarde frente a los libros.
Había, eso sí, una regla que nunca negociaba. “Papá, yo primero hago mis tareas y después entreno”, le decía a su padre. Incluso durante las épocas de exámenes mantuvo sus entrenamientos. Para su familia, esa capacidad de organizar el tiempo terminó siendo una de las claves de su proceso.
A esa disciplina se sumó una cualidad que sus compañeros conocen bien: su disposición para ayudar. Cuando alguno tenía dificultades con un tema, buscaba a Matías para que se lo explicara. Él nunca cobró por hacerlo. “Siempre me ha gustado ayudar, siempre me ha gustado explicar”, cuenta.
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Esa inclinación por enseñar también hace parte de lo que imagina para su futuro. Matías quiere estudiar Ingeniería Matemática y unir los números con otras de sus pasiones: la programación, la inteligencia artificial, la tecnología y la innovación. La docencia aparece entre sus principales aspiraciones.
Su trayectoria académica ya tenía otros capítulos antes del 500. En 2025 ganó las Olimpiadas de Ciencias de la UDES y este año obtuvo el primer lugar nacional, en nivel avanzado, de las Olimpiadas Matemáticas de la UIS. El puntaje perfecto del Icfes llegó así como la cifra que coronó una historia de buenos resultados, pero también como el comienzo de una nueva etapa.
En el Colegio Santo Ángel de la Guarda, donde estudió, la noticia se convirtió en celebración. Sus compañeros lo recibieron con aplausos, le hicieron una pancarta con su rostro, le llevaron una torta y terminaron llenándolo de espuma. Los mismos jóvenes que durante años acudieron a él para resolver dudas ahora celebraban el resultado que había conseguido.
En su casa, entretanto, la celebración tiene también un componente de nostalgia. Matías probablemente tendrá que salir de Cúcuta para estudiar la carrera que quiere. Sus padres saben que la casa quedará más vacía, pero también tienen claro que se trata del siguiente paso de un hijo al que han acompañado desde sus primeros días de colegio.
Su madre lo resume con una frase que va más allá de las calificaciones: “Yo le digo a él que va por cosas muy grandes”.
Matías ya dio el primer paso. El 500 de 500 puso el cierre perfecto a su vida escolar en Cúcuta. Ahora los números dejan de ser solamente una materia que domina y empiezan a convertirse en el camino que quiere recorrer.