Tomar el celular para revisar una notificación durante cinco minutos y descubrir, una hora después, que se pasó por Instagram, TikTok, WhatsApp y otras aplicaciones es algo que le ha pasado a casi todos. Puede parecer inocente pero, ¿en qué momento el uso frecuente del teléfono empieza a convertirse en una dependencia?
Sobre este tema habló en En Blu Jeans Marieth Lozano, subdirectora del Campo de Psicología de la Salud del Colegio Colombiano de Psicólogos, quien explicó que hay varias señales que pueden advertir que la relación con el dispositivo está interfiriendo con la vida cotidiana.
“Hay situaciones que deberíamos empezar a vigilar, por ejemplo, la pérdida del control. Cuando nos dicen: ‘Voy a mirar cinco minutos el teléfono’, y nos damos cuenta de que pasó una hora. También cuando empezamos a ver irritabilidad, ansiedad o incomodidad en los momentos en los que no se tiene el celular o no hay acceso a wifi o cobertura”, explicó.
¿Cuáles son las señales de alerta?
Además de perder la noción del tiempo, Lozano mencionó alteraciones del sueño, revisar el teléfono inmediatamente después de despertarse, dormir con el dispositivo cerca, procrastinar o presentar dificultades para concentrarse en tareas académicas o del hogar.
Sin embargo, para la psicóloga existe una señal todavía más importante, la cual es comenzar a desplazar actividades que antes resultaban agradables.
“Poco a poco empezamos a darnos cuenta de que dejan de hacer actividades cotidianas con nosotros, cosas que antes disfrutaban, como salir en familia, ir a hacer ejercicio o ir a mercar, y empiezan a optar por quedarse en casa o esperarnos en el carro revisando sus redes sociales”, señaló.
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Por eso, la experta aseguró que el problema no se limita a cuántas horas se utiliza el celular, sino a qué actividades están siendo reemplazadas.
Los adultos también deben revisar sus hábitos
Aunque buena parte de la preocupación está centrada en niños y adolescentes, Lozano destacó que los adultos también funcionan como modelo.
No tendría mucho sentido exigir que un hijo deje el teléfono durante la cena, por ejemplo, si sus padres permanecen pendientes de mensajes, notificaciones o incluso del reloj inteligente durante ese mismo espacio.
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“Nosotros como modelos también tenemos un rol bien importante frente a las conductas de nuestros hijos e hijas”, afirmó.
La recomendación no es convertir el celular únicamente en un castigo o recurrir constantemente al “te lo quito”, sino enseñar autorregulación digital.
“Así como hay autorregulación emocional, hay que trabajar en autorregulación digital: ¿en qué momento yo puedo decir ‘fue suficiente’ y dejo el celular? No solamente hay que imponer la obediencia, porque eso no les permite hacer el ejercicio de autorreflexión de decir: ‘Pasé mucho tiempo y dejé de hacer otras cosas’”, explicó.
¿Qué se puede hacer para reducir el uso del celular?
Una de las primeras estrategias es establecer acuerdos familiares sobre los momentos en los que se utiliza el teléfono y aquellos que deberían reservarse para otras actividades. Las comidas, por ejemplo, pueden volver a convertirse en espacios sin pantallas para conversar sobre lo ocurrido durante el día.
Lozano también recomendó que los padres no se concentren solamente en el tiempo de exposición, sino en qué contenidos consumen sus hijos y cómo los hacen sentir.
“Es tan sencillo como preguntarles: ‘De lo que estás viendo en TikTok o de las cuentas que estás siguiendo, ¿te has dado cuenta si algo de lo que dicen o hacen te hace sentir incómodo?’. Hay contenidos que muestran estilos de vida muy elevados y ellos pueden empezar a cuestionarse sobre su propio valor”, explicó.
La psicóloga insistió además en la importancia de permitir que los niños tengan espacios de aburrimiento, pues no todos los momentos necesitan estar acompañados por un estímulo digital.
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“Los niños y las niñas necesitan también aburrirse, porque en los momentos de aburrimiento aparece la creatividad, se desarrollan otro tipo de competencias y disminuimos el riesgo de que se presenten este tipo de conductas”, aseguró.
Un buen equilibrio,es mejor que prohibir
Para Lozano, retirar completamente los dispositivos no necesariamente enseña a utilizarlos de manera saludable. Lo importante está en recuperar espacio para la actividad física, la lectura, la escritura, las conversaciones familiares y el contacto presencial.
También advirtió que la exposición constante a contenidos breves e inmediatos puede hacer más difícil mantener la atención frente a actividades con un ritmo diferente.
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“Todo el tiempo queremos saltar la introducción, pasar al siguiente contenido. Ya ni siquiera hacemos el ejercicio de ver la información completa. (...) Las ventanas de atención se están reduciendo tanto que incluso en educación aparecen pequeños momentos de aprendizaje”, explicó.
Por eso, la palabra con la que la especialista resumió sus recomendaciones fue equilibrio.
“No es castigar y quitar, es equilibrar y que aprendan a autorregular los tiempos que están allí. No es satanizar todo el contenido, sino enseñarles a que ellos mismos puedan decir: ‘Vi un video de cinco minutos y realmente no me quedó nada para mí’”, concluyó.
Escuche la entrevista completa aquí: