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La dexametasona, de sustancia prohibida en el deporte, a esperanza contra el COVID-19

Se ha mostrado capaz de reducir la mortalidad en pacientes con COVID-19 que requieren oxígeno o ventilación,

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Dexametasona - AFP

La dexametasona, el primer fármaco que se ha mostrado capaz de reducir la mortalidad en pacientes con COVID-19 que requieren oxígeno o ventilación, es un viejo conocido del mundo del deporte, al tratarse de una sustancia prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y haber sido el origen de numerosas infracciones.

La AMA, que divide las sustancias y métodos de dopaje entre los "prohibidos siempre", los "prohibidos en competición" y los "prohibidos en ciertos deportes", incluye la dexametasona en el segundo de esos grupos.

No se pueden consumir en periodo de competición ni estimulantes (anfetaminas, cocaína...), ni narcóticos (morfina, metadona...), ni canabinoides (hachís, marihuana...), ni glucocorticoides, entre los que la AMA menciona expresamente la dexametasona, la cortisona o la hidrocortisona.

"Están prohibidos todos los glucocorticoides que se administren por vía oral, intravenosa, intramuscular o rectal", subraya la Agencia.

Según Portalfarma, el portal del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, los glucocorticoides son unos productos 'ergogénicos' -que aumentan el rendimiento atlético- y que actúan sobre el sistema endocrino: "Suprimen el dolor provocado por la intensidad o repetitividad de la contracción muscular, por lo que aumenta la tolerancia al ejercicio"
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"Además, su efecto hiperglucemiante permite la disponibilidad de glucosa y su efecto euforizante contribuye al aumento del rendimiento". añade la descripción.

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La mejora artificial del rendimiento es una de las pautas para considerar una sustancia como dopante.

El nombre de la dexametasona se hizo popular cuando en noviembre de 2011 el semanario alemán 'Der Spiegel' publicó que, según las investigaciones de 'Football Leaks', se habían encontrado trazas de ese fármaco en el control antidopaje al que fue sometido el madridista Sergio Ramos tras la final de la Liga de Campeones de 2017, en Cardiff ante el Juventus de Turín.

Los deportistas pueden consumir cualquier sustancia prohibida, si se trata de curar enfermedades o lesiones, siempre que dispongan de una Autorización de Uso Terapéutico y lo comuniquen con anterioridad al control. El Real Madrid asumió la responsabilidad de haber olvidado hacer esa comunicación y tanto la UEFA como la FIFA y la AMA validaron su versión y eximieron al jugador de cualquier responsabilidad.

El nombre de la dexametasona apareció también en el juicio celebrado en 2015 sobre supuesto dopaje en el club de remo Urdaibai en 2010. La Fiscalía la citó como una de las sustancias que se inyectaba habitualmente a los remeros. Los seis acusados fueron absueltos por no poderse acreditar el suministro de dopantes, aunque sí la adquisición.

Ese mismo año el subcampeón mundial de bádminton y número uno del ránking internacional, el malasio Lee Chong Wei, fue suspendido ocho meses por dopaje con dexametasona en el campeonato del mundo del año anterior.

"La muestra contiene dexametasona, un potente glucocorticoide sintético con acciones que se asemejan a las de las hormonas esteroides, una sustancia prohibida", indicó la federación internacional de bádminton.

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En etapas anteriores se registraron numerosos controles anómalos en el mundo del fútbol por culpa de la dexametasona: en 2013 el jugador jamaicano Jermaine Hue y al médico de su selección, Carlton Fraser, fueron suspendidos nueve meses y cuatro años, respectivamente, por positivo del primero.

En 2009 dieron positivo por dexametasona el centrocampista brasileño Glacinei Martins, Inca, jugador del Nacional paraguayo, el defensa boliviano Miguel Ángel Hoyos, del Bolívar, y seis jugadores del Real Juventud hondureño; y en 2008 el delantero argentino Cristian Leiva, del Olimpia de Paraguay, aunque en estos casos las infracciones no se tradujeron en sanciones.

La Universidad de Oxford divulgó este martes un estudio según el cual la dexametasona, un fármaco barato y de fácil acceso en todo el mundo, puede ayudar a salvar vidas de pacientes que se encuentran graves a causa del coronavirus.

El equipo investigador señaló que el tratamiento con dosis bajas reduciría el riesgo de muerte en un tercio de aquellos pacientes que se encuentran conectados a ventiladores.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) celebró hoy los progresos conseguidos en Reino Unido con el uso de la dexametasona y felicitó a la Universidad de Oxford y el Gobierno británico por el hallazgo.

 

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