Hay personas que disfrutan compartir con otros, pueden desenvolverse con facilidad en una reunión y resultar incluso muy carismáticas, pero no sienten una necesidad permanente de pertenecer a un grupo. Hoy en día se habla mucho más acerca de la soledad, los vínculos y la manera en que se construyen las relaciones, por lo que ha comenzado a popularizarse un término para describir a este tipo de personas: otrovertidas.
Sobre este concepto habló en En Blu Jeans el psiquiatra Ricardo Angarita, quien hizo una precisión de que la otroversión todavía no es una categoría de personalidad aceptada científicamente. El término fue propuesto por el psiquiatra Rami Kaminsky y no se centra en cuánto socializa una persona, sino en qué tanto necesita pertenecer a un grupo para construir su identidad.
¿Qué características tiene una persona otrovertida?
Para explicar el concepto, Angarita partió de las personas dentro de las categorías tradicionales de introversión y extroversión, los primeros suelen disfrutar más los espacios de soledad y requerir menos interacción social, mientras que los segundos busca con mayor frecuencia el contacto con otras personas.
El otrovertido, según la propuesta de Kaminsky, puede relacionarse con facilidad y ser simpático o carismático, pero no depende de la vida social para sentirse bien.
“Son capaces de tener empatía y tener unos buenos vínculos con un grupo grande o con muchas personas, mientras que en sus momentos de soledad se la gozan. Si los llaman, van a la rumba y pasan rico; si no los llaman, pasan también muy bien en su casa”, señaló.
¿Es lo mismo ser otrovertido que ambivertido?
Una persona ambivertida combina rasgos introvertidos y extrovertidos y también puede buscar activamente espacios sociales. En cambio, en la otroversión la pertenencia al grupo tendría menos importancia, aunque exista capacidad para interactuar con los demás.
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“El ambivertido tiene una necesidad también de extroversión y de estar en grupos sociales, mientras que al otrovertido que describe Kaminsky no le importaría mucho la vida social, pero es capaz de ser simpático”, explicó.
El comportamiento también depende del contexto
Uno de los puntos en los que insistió el experto es que estas categorías no deberían utilizarse como etiquetas rígidas, pues una persona habitualmente introvertida puede asumir liderazgo cuando está rodeada de personas todavía más reservadas. De manera similar, alguien muy extrovertido puede mostrarse más callado dentro de un grupo con personalidades aún más expresivas.
Por esa razón, la introversión y la extroversión deben entenderse más como tendencias de comportamiento que como reglas permanentes sobre la personalidad.
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¿Una persona otrovertida puede tener relaciones profundas?
La poca necesidad de pertenecer a grupos grandes no significa ausencia de vínculos cercanos, ante esto Angarita afirma que una persona con estas características puede preferir pocas relaciones, pero mantenerlas con mayor profundidad.
“El introvertido tiene muchísimo interés en tener una amistad o dos y son amistades profundas, mientras que el extrovertido necesita ser reconocido por mucha gente”, explicó.
También, destacó la importancia del sentido de pertenencia y la validación social para la identidad, aunque cada persona los experimente de manera diferente.
¿Entonces realmente existen los otrovertidos?
El especialista pidió cautela antes de adoptar el término como una nueva etiqueta psicológica, pues su valor está principalmente en recordar que una persona puede comportarse de manera diferente según el ambiente sin perder su identidad.
“Es interesante, es un planteamiento bonito, le da a la gente la oportunidad de no sentirse etiquetada. (...) La plasticidad comportamental hace que uno sí pueda pasar de un lado al otro sin que eso signifique perder su identidad”, sostuvo.
Escuche la entrevista aquí: