El sacerdote Antún Ramos expuso en entrevista con Mañanas Blu 10:30 su visión sobre las causas estructurales del conflicto en el departamento del Chocó, así como los efectos que ha tenido el proceso de paz firmado en 2016 y los desafíos que persisten en la región. Sus declaraciones se dieron en el marco de la presentación de su libro sobre los hechos ocurridos en Bojayá, un episodio que marcó uno de los momentos más críticos del conflicto colombiano.
Ramos señaló que la ubicación geográfica del Chocó ha influido directamente en la dinámica de la confrontación. “El hecho de estar en una posición geoestratégica cerca al Pacífico y de alguna manera también al Atlántico, cerca a Panamá incluso, eso se haya convertido en una situación compleja”, afirmó, al explicar que diferentes actores armados han buscado control territorial en la zona. Según indicó, esta disputa ha tenido como consecuencia que “la población es la que sufre las consecuencias de todas estas confrontaciones”.
El sacerdote recordó que la presencia de estos grupos se intensificó desde la década de 1990, particularmente a lo largo del río Atrato, donde comunidades rurales han quedado expuestas a las dinámicas del conflicto. En ese contexto, hizo referencia al impacto que tuvo el acuerdo de paz firmado durante el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos con la entonces guerrilla de las FARC, proceso reconocido internacionalmente y respaldado por el Premio Nobel de Paz.
De acuerdo con Ramos, el cambio tras la firma del acuerdo fue significativo. “La diferencia antes del proceso a después del proceso fue del cielo a la tierra”, aseguró. En su relato, destacó que comunidades desplazadas regresaron a sus territorios, se reactivaron actividades productivas y se restablecieron dinámicas cotidianas. “Los campesinos volvieron a sembrar la tierra, las lanchas volvieron a circular… y sobre todo podíamos dormir tranquilos”, señaló.
Sin embargo, también advirtió que la falta de continuidad en la implementación de los acuerdos ha permitido el regreso progresivo de actores armados a la región. “Si quien sucede al presidente hubiese tenido la claridad de que eso es un proyecto de Estado, la situación hoy sería distinta”, afirmó. En ese sentido, sostuvo que la ausencia de acompañamiento institucional facilitó que grupos retomaran presencia en territorios previamente desocupados.
El sacerdote describió además las condiciones actuales en el Chocó, donde, según su testimonio, persisten restricciones derivadas de la presencia de estructuras armadas. Aunque mencionó avances puntuales, como reducciones en indicadores de violencia en algunas zonas, señaló que la población civil continúa expuesta. “Los que sufren las consecuencias de cualquier tipo de confrontación, en gran mayoría somos la población civil”, indicó.
En relación con su libro, Ramos explicó que comenzó a escribirlo poco después de los hechos ocurridos en 2002, pero decidió publicarlo años más tarde tras un proceso personal. “Si hubiese escrito el libro en ese momento, hubiese hecho mucho daño”, expresó, al señalar que con el paso del tiempo logró abordar los hechos desde otra perspectiva.
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El sacerdote también se refirió a la importancia de los actos de reconocimiento por parte de las instituciones. Recordó que comunidades afectadas han solicitado la presencia directa del Estado en procesos de reparación simbólica. “Nosotros hicimos 10 alertas tempranas… y no se atendieron”, afirmó, al insistir en la necesidad de un reconocimiento que involucre a las más altas autoridades.
Finalmente, reiteró que la situación del Chocó refleja una realidad más amplia del país, donde el conflicto ha tenido impactos diferenciados según el territorio. Sus declaraciones se suman a las discusiones actuales sobre la implementación de políticas de paz y la necesidad de institucional en regiones históricamente afectadas.