Los resultados de las pruebas PISA volvieron a poner sobre la mesa las dificultades que enfrenta Colombia en materia educativa. Aunque el país ha ampliado el acceso a la educación, expertos advierten que todavía existen problemas de fondo relacionados con los aprendizajes fundamentales, los currículos, la formación docente y la continuidad de las políticas públicas.
Para la exministra de Educación María Victoria Angulo, una de las discusiones centrales debe estar relacionada con aquello que los estudiantes necesitan aprender y con la manera en que se organiza el currículo en el país.
Angulo explicó en Sala de Prensa que Colombia no cuenta con un currículo único, sino con estándares y referentes que cada institución educativa puede desarrollar de manera autónoma. A su juicio, esa flexibilidad debe combinarse con mayor claridad sobre los aprendizajes esenciales.
Colombia es uno de los países que no tiene currículum único, tiene unos estándares de aprendizaje, y eso ha generado que no siempre logremos llegar a profundidad con lo que los niños tienen que aprender en matemáticas y lectura
La exministra considera que lectura y matemáticas deben ocupar un lugar prioritario, debido a que son competencias que permiten desarrollar otros conocimientos. En ese sentido, coincidió con la necesidad de revisar la cantidad de materias y la forma en que se construyen los currículos escolares.
Más que reducir materias, priorizar aprendizajes
El exrector de la Universidad Nacional de Colombia y profesor Moisés Wasserman también se refirió a la posibilidad de reducir el número de asignaturas. Para él, el debate no debería limitarse a eliminar áreas, sino a buscar una manera distinta de integrar los conocimientos.
“Hay muchos sistemas, por ejemplo, que basan su currículo en problemas”, explicó Wasserman, al señalar que en algunos modelos un mismo ejercicio puede involucrar conocimientos de ciencias sociales, ciencias naturales y matemáticas.
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El profesor también llamó la atención sobre la falta de avances sostenidos en Colombia. Según su análisis, el país lleva cerca de dos décadas presentando las pruebas PISA sin lograr una mejora significativa.
“Lo más preocupante en mi opinión es el hecho de que no logramos progresar desde el 2006 hasta ahora. Ya son 20 años que estamos presentando estas pruebas y nos mantenemos quietos, lo cual quiere decir que retrocedemos”, afirmó.
Para Wasserman, los resultados no deberían convertirse en una búsqueda de culpables. Por el contrario, considera que el informe de PISA contiene información que puede ayudar a identificar dónde están las principales dificultades.
Es decir, no buscar culpables, no jalarnos los cabellos, sino más bien aprovechar toda esta cantidad de indicios que dan sobre aquellos lugares en los cuales hay que generar acciones
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Inteligencia artificial: ni prohibirla ni usarla sin control
Otro de los asuntos abordados por los expertos fue el papel de la inteligencia artificial en los colegios. Angulo explicó que el debate no debería centrarse únicamente en prohibir herramientas como ChatGPT, sino en establecer para qué pueden utilizarse y bajo qué orientación pedagógica.
“Cuando dices prohibir, hay que entender en qué y para qué”, afirmó la exministra.
Según Angulo, la inteligencia artificial puede ayudar a los docentes a preparar contenidos, diseñar actividades, analizar inicialmente evaluaciones y ofrecer retroalimentación a los estudiantes. Sin embargo, consideró necesario proteger los espacios de interacción presencial y evitar que los celulares interfieran constantemente con la atención en clase.
Wasserman coincidió en que el problema no puede atribuirse de manera automática a las pantallas o a la inteligencia artificial. Incluso mencionó que los datos analizados muestran diferencias dependiendo de la manera en que los estudiantes utilizan estas herramientas.
“El asunto no es tan simplista”, aseguró el profesor, quien explicó que quienes utilizan inteligencia artificial para resolver todos sus problemas pueden obtener peores resultados, mientras que quienes la emplean de manera puntual pueden tener mejores desempeños.
Familia y colegios también tienen un papel
Wasserman también puso el foco en las familias como parte fundamental del proceso educativo. Según explicó, los resultados de PISA no deben analizarse únicamente desde las responsabilidades del Ministerio de Educación o de los colegios.
La familia es un actor y debe ser cada vez un actor más importante realmente en el proceso de formación de los niños
Además, destacó que observar únicamente los promedios puede esconder las dificultades de los estudiantes con los desempeños más bajos. Para el profesor, analizar los resultados por grupos permite identificar con mayor precisión dónde deben concentrarse las acciones.
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En esa misma línea, sostuvo que las pruebas evalúan competencias que van más allá de memorizar contenidos. En matemáticas, por ejemplo, se busca determinar la capacidad de los estudiantes para resolver problemas, mientras que en lectura se analiza si pueden comprender información que no aparece necesariamente de forma literal.
Por su parte, Angulo insistió en que Colombia necesita políticas educativas sostenidas y no medidas que solo generen discusión cuando se conocen nuevos resultados internacionales.
“Le hace falta continuidad de las políticas y le hace falta que no solamente nos preocupemos por estos temas cada vez que sale la noticia”, señaló.
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Para ambos expertos, las pruebas PISA representan una oportunidad para revisar qué está funcionando y qué debe cambiar. La discusión, sin embargo, va más allá de las calificaciones: implica definir qué aprendizajes son fundamentales, cómo se preparan los docentes, qué papel tendrán las nuevas tecnologías y cómo las familias pueden participar en la formación de los estudiantes.