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Una historia de amor se robó el show en la cumbre de emprendimiento de Cartagena

A Linda y Jeisson, una dura enfermedad los impulsó. Tres años después de estar a filo de la muerte, la empresa de ambos es una joya de las ‘startups’ en Colombia.

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BLU Radio. Laura y Jeisson en Festival emprendimiento en Cartagena - Foto: BLU Radio

Hay amores que matan y otros que resucitan: el de Linda y Jeisson es del segundo tipo. “La esperanza nació de la desesperanza”, dicen ambos casi que al unísono. La historia de esta pareja, con dos niños y un futuro promisorio, empezó hace siete años y ha llamado la atención de emprendedores e inversionistas, que concurren estos días en el Latin American Ventures Summit 2018 en Cartagena. 
 
Luego de atravesar diversas dificultades, que tuvieron lugar hace tres años y que incluyeron estar entre la vida y la muerte, pérdida de memoria y problemas económicos, ellos se han convertido en un ejemplo único de superación. 
 
Un diagnóstico inesperado
 
El punto de quiebre empezó una mañana, cuando Linda Lorena Castro Guío se dio cuenta de que padecía la enfermedad de Graves-Basedow. 
 
“Me dio una hemorragia y me desmayé en la universidad. Ese día me tuvieron que llevar de urgencias al hospital. Un endocrino me tomo exámenes y se dio cuenta que yo había nacido con el síndrome”, cuenta ella.
 
Según su esposo, Jeisson Alberto López Méndez, el mayor problema no fue la enfermedad sino el diagnóstico tardío. Entonces, como en la película ‘Como si fuera la primera vez’ o ‘Diario de una pasión’, ella empezó a perder la memoria por días y de ese letargo parecía que nada la podía sacar. 
 
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“Tenía un corto en el cerebro que me hacía perder, me sacaba de la realidad. Perdía la memoria un mes, varios días”, refiere ella. 
 
Amor hilado con lana 
 
Jeisson y la familia de Linda hacían todo lo que podían. Él se las ingeniaba para aterrizarla a la realidad y en el tiempo presente, luego de días y semanas de las cuáles ella no recordaba nada. La clave de ese rescate de la memoria, curiosa y maravillosamente, eran la lana y el tejido.
 
“Yo soy nieta de hilanderos italianos que llegaron a trabajar a Samacá, Boyacá. Fue la primera fábrica de textiles que se fundó en 1889, creo. Desde pequeña mis abuelitos me contaban de su cultura”, relata Linda. 
 

 

“Al crecer, siempre me gustó. Yo tejía y me sentía como liberada, feliz, como tranquila. Tenía una conexión con eso. Yo creo que Dios tenía como todo ya planeado para que mi camino fuera esto, porque desde pequeña sentía algo raro, como que ahí podía estar la salida a todos mis problemas”, añade. 
 
“Cuando pierdo la memoria, tejo. Según los doctores, es porque me lleva a un momento en el que feliz cuando pequeña. Me hace feliz. Sin embargo, ellos no saben cómo puedo hacerlo si se supone que todo se olvida”, dice. 
 
Milagro de amor 
 
A pesar de la lenta recuperación las, dificultades no tardaron en aparecer y ponerlos a prueba, pero ellos siempre se mantuvieron firmes. Aunque no había dinero, el amor sobraba pero la salud seguía siendo esquiva. Sin embargo, un pequeño milagro hizo su aparición y empezó una historia que estremece por su belleza. 
 
“Yo tejía, hacía ponchos y gorritos. Un día me di cuenta que la niña se me quedó sin zapatos. Y como no teníamos plata, porque a mi esposo le tocó salirse de trabajar para podernos cuidar, yo le dije hagámoselos con lana”, cuenta Linda.  
 
“Eran rojos con negro, les puse unos adornitos. Eran unas boticas normal, como estilo las Brahma. Cuando todos las vieron dijeron que era curioso porque nunca habían visto unos zapatos con tantos detalles”, agregó.
 
Los zapatos de lana se convirtieron en la sensación en el barrio Bosa Carbonell, donde los vecinos no tardaron en encargar los suyos. 
 
La sensación en Bosa
 
“Al ponérselas a la niña, al salir a la calle, todos empezaron a decir que tan bonitas esas botas, que dónde se las habían comprado, que querían unas para los hijos de ellos, para los nietos… y empezamos a verlo como una manera de hacer dinero desde nuestra casa”, cuenta. 
 
Mientras que la ocupación le ayudó a recuperar la salud a Linda, ambos encontraron una salida económica. 
 
“Eso le subió mucho el ánimo. Empezó a fabricar sus botas, eso le hacía recobrar la memoria. Ahora ya las crisis cuando le dan no le duran sino un día o dos máximo”, dice Jeisson. 
 
Hoy, después de un par de años, la vida ha cambiado de tal manera para ambos que parecen vivir un sueño. La historia se robó la atención de los asistentes al Latin American Ventures Summit, la cumbre del emprendimiento de América Latina en la que llegaron a finalistas. 
 
“Nos inscribimos. Había mucha competencia, no pensábamos llegar a la final, pero hoy estamos acá gracias a Dios”, cuenta Jeisson. 
 
Hoy, superadas la mayor parte de las dificultades, Linda y Jeisson cuentan con la ayuda de varias manos. 
 
“Nuestras botas son únicas en el mundo porque la suela es a base de caucho reciclado. La materia prima es la lana pura y son impermeables. Lo mejor, es que las tejen mujeres con discapacidad, madres solteras y mujeres de la tercera edad”, cuenta él. 
 
Conozca el trabajo de Linda y Jeisson: 
 

 

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