Por qué los agüeros de Año Nuevo no funcionan: experto lo explica
En Año Nuevo, muchas personas se llenan de propósitos y promesas que, en la mayoría de los casos, se diluyen con el paso de las semanas.
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Con el inicio de un nuevo año, muchas personas se llenan de propósitos y promesas que, en la mayoría de los casos, se diluyen con el paso de las semanas. Para evitar ese ciclo repetitivo, el entrenador y maestro en programación neurolingüística (PNL), Carlos Maldonado, explicó cómo estructurar metas realistas, claras y alineadas con el funcionamiento del cerebro.
Durante una conversación radial, Maldonado advirtió que uno de los errores más comunes de Año Nuevo es plantearse demasiados objetivos al mismo tiempo. “Nuestro cerebro, especialmente el hemisferio izquierdo, solo puede gestionar de manera eficiente tres o cuatro metas importantes”, explicó. Por ello, recomendó agrupar los propósitos iniciales y priorizar aquellos que realmente tengan impacto en la vida personal.
Según el experto, no basta con desear algo; es clave diferenciar entre una meta y un propósito. Mientras la meta define lo que se quiere lograr, el propósito responde al “para qué”. En ese punto, Maldonado fue enfático en señalar que los objetivos que buscan agradar a otros suelen fracasar. “Si alguien quiere bajar de peso o aprender un idioma para sentirse aceptado o valorado por los demás, lo más probable es que no lo logre”, afirmó.
Para que una meta sea efectiva, debe ser específica, retadora y, al mismo tiempo, realista. Además, debe generar satisfacción personal y no estar construida desde la culpa o el rechazo del estado actual. “Antes de querer cambiar, hay que agradecer lo que se tiene hoy. Las metas no se construyen desde el desprecio, sino desde el reconocimiento”, señaló.
Maldonado también destacó la importancia de la visualización. De acuerdo con la programación neurolingüística, pensar y hacer activan los mismos procesos cerebrales. Por eso, recomendó imaginar la meta ya cumplida, involucrando los sentidos y observando qué emociones produce esa proyección. “Si el cuerpo y la mente responden de forma positiva, es una buena señal”, explicó.
Otro aspecto clave es que las metas no deben afectar negativamente a otras personas. En PNL, este principio se conoce como “ecología”, y busca que los objetivos personales no se alcancen a costa del daño ajeno. A esto se suma la necesidad de dividir cada meta en plazos parciales, lo que permite medir avances y mantener la motivación.
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Finalmente, el experto aseguró que no tener metas claras genera estancamiento. Aunque vivir en el presente es fundamental, advirtió que esto no significa renunciar a planear el futuro. “El cerebro funciona por objetivos específicos. Tener metas no es vivir en el mañana, es actuar hoy con dirección”, concluyó.