¿Por qué solo el 33,5 % de las empresas en Colombia sobrevive cinco años después de su creación?
Cuando una de estas compañías desaparece, se rompen cadenas productivas y se frenan oportunidades de desarrollo en regiones y ciudades.
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Cada año se crean miles de empresas en Colombia impulsadas por ideas innovadoras, necesidades del mercado y el empuje de emprendedores. Sin embargo, muy pocas logran consolidarse en el largo plazo. Según cifras de Confecámaras, apenas el 33,5 % de las unidades productivas creadas en un año típico sigue activa cinco años después, un dato que revela la alta fragilidad del tejido empresarial en el país.
La cifra resulta aún más preocupante si se tiene en cuenta el peso de las micro, pequeñas y medianas empresas en la economía nacional. Estudios de BBVA Research y ANIF muestran que las pymes representan el 99,5 % de las empresas formales, generan cerca del 79 % del empleo y aportan hasta el 40 % del PIB. Cuando una de estas compañías desaparece, no solo se pierde un negocio: se destruyen empleos, se rompen cadenas productivas y se frenan oportunidades de desarrollo en regiones y ciudades.
Más allá de los factores macroeconómicos o de los cambios regulatorios, en el fracaso de muchas pymes se repiten patrones internos. La falta de una estrategia clara, la debilidad en el control de gestión y la toma de decisiones sin datos son constantes. Muchos negocios nacen alrededor de un buen producto o servicio, pero no definen una hoja de ruta de crecimiento ni indicadores básicos que permitan anticipar problemas y medir si realmente están avanzando.
Otro punto crítico es la fragilidad financiera. En numerosas empresas se mezclan las cuentas personales con las del negocio, no existen proyecciones de flujo de caja y el crédito se usa como un salvavidas de último momento. En un entorno de tasas de interés altas, esta falta de disciplina financiera deja a muchas pymes expuestas ante cualquier retraso en pagos o caída en las ventas, llevándolas rápidamente a situaciones de ahogo.
A esto se suma la dificultad para incorporar de forma estratégica la inteligencia artificial y la automatización. Aunque el tema está en la conversación diaria, en la práctica muchas pymes usan la IA de manera superficial, sin rediseñar procesos comerciales, operativos o de servicio. También enfrentan problemas para consolidar equipos de alto rendimiento: alta rotación, roles poco claros y una dependencia excesiva del fundador, que termina resolviendo lo urgente y sin tiempo para pensar en el crecimiento.
Desde la experiencia de acompañar a emprendedores y directivos, Andrés Bilbao, cofundador de Rappi y cocreador de 30X, señala que estos síntomas se repiten en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali. En un entorno donde los mercados, la tecnología y los clientes cambian a gran velocidad, gestionar una empresa con lógicas del pasado explica, en buena medida, por qué solo un tercio de las empresas en Colombia logra sobrevivir más allá de sus primeros cinco años.
No basta con tener una buena idea: hace falta mindset, procesos y una red que te exija y te apoye