El horizonte de San Diego, en Estados Unidos, se tiñó de tricolor cuando el Buque Escuela ARC Gloria apareció entre las aguas del Pacífico, con sus 23 velas y el brillo inconfundible del acero colombiano reflejando el sol de la mañana. Eran las nueve en punto del 6 de noviembre, y sobre el muelle ya se agolpaban decenas de compatriotas que, con camisetas amarillas, banderas, música y lágrimas, esperaban el arribo del barco que para muchos representa mucho más que un navío, es la patria navegando.
El Gloria, con 66 cadetes y una tripulación total de más de 150 personas, llegó a puerto estadounidense como parte del Crucero de Entrenamiento de Cadetes 2025, una travesía que recorre el mar Caribe, el Atlántico, el Canal de Panamá y el Pacífico, hasta sumar más de 9.800 millas náuticas, una travesía de la que forma parte Blu Radio. Pero en San Diego, su paso tuvo un significado distinto: fue un reencuentro con las raíces, un abrazo del país que muchos no han vuelto a ver en años.
En el puerto, la emoción era casi tangible. Había quienes llevaban décadas lejos de Colombia y otros que jamás la habían vuelto a tener tan cerca. Entre la multitud, una pareja joven se reencontró con su primo, un cadete de la Armada, a quien no veían desde la infancia. Diez años de distancia se deshicieron en un solo instante, con el mar y el Gloria como testigos de un abrazo que resumía la historia de tantos colombianos dispersos por el mundo: el deseo de volver, aunque sea por un momento, a casa.
“Nos sentimos muy, muy orgullosos, tanto como nuestros familiares, como todos los chicos que están en esta embarcación, representando a nuestro país, y pues, muy orgullosos, la verdad. Nos motiva, sentir la familia, sentir la cercanía cercanía con Colombia, el país, el buque, el, todo lo que representa a Colombia, todo lo que representa la unión como país y, pues, como familia, obviamente. Prácticamente nos criamos juntos, entonces, es, obviamente, un sentimiento de orgullo inmenso, no cabe, no quepo de la alegría de de verlo ser quien es, y de ver todo lo que hace, lo que ha hecho, lo que le falta por hacer y lo que la persona, el hombre que es”, dijo Paula, quien abrazó a su familiar con nostalgia y recorrió el ARC Gloria.
El buque, ese embajador de velas que durante más de medio siglo ha llevado el nombre de Colombia por los mares del planeta, trajo consigo algo más que tripulantes y banderas. En su interior viajan productos típicos, dulces, prendas y recuerdos que evocan la esencia del país: el olor del café, el sonido de la gaita, el color de las flores, el sabor de una alegría que se resiste a naufragar.
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El ARC Gloria no solo ancló en San Diego, también ancló en los corazones de quienes vieron en su llegada una forma de reencontrarse con lo que dejaron atrás. Porque cuando el viento infla sus velas y ondea la bandera tricolor, el buque no solo cruza océanos, cruza recuerdos, fronteras y nostalgias, llevando consigo el mensaje silencioso de que, sin importar cuán lejos se esté, Colombia siempre encuentra el camino para volver.