Sobrio, frío, sin estridencias, el ultraderechista José Antonio Kast asume este miércoles la presidencia de Chile. En su tercer intento, este devoto católico entra el poder con la promesa de un gobierno "de emergencia" y mano dura para restaurar la seguridad y el orden en Chile.
De 60 años y padre de nueve hijos, Kast es un abogado ultraconservador sin reservas: rechaza el aborto incluso en casos de violación, la píldora anticonceptiva de emergencia, el divorcio, el matrimonio homosexual y la eutanasia.
Lleva 30 años en política sin los aspavientos de otros radicales como el brasileño Jair Bolsonaro o el argentino Javier Milei, con quienes se le compara.
La diputada Chiara Barchiesi, quien juró para su segundo periodo legislativo, describió en Mañanas Blu el ambiente nacional como uno de "expectativa muy alta" frente a la urgencia de revertir las crisis que afectan a las familias chilenas.
Seguridad y la economía
Para la diputada Barchiesi, el triunfo de Kast es una respuesta directa al descontento social acumulado durante la administración anterior. Según la parlamentaria, la prioridad número uno del nuevo gobierno será enfrentar la crisis de inseguridad y el estancamiento económico.
Barchiesi enfatizó que no hay margen de espera: "el trabajo parte hoy día mismo" y los nuevos ministros ya han estado trabajando en terreno para no perder tiempo en la implementación de soluciones.
La parlamentaria subrayó que el electorado chileno penalizó a la izquierda principalmente por el manejo del orden público. "La gente dijo: necesitamos volver a vivir en paz... lamentablemente en estos años vivíamos con miedo", afirmó Barchiesi
Denunció, además, que la violencia ha llegado a niveles críticos, mencionando que la mañana de la transmisión de mando un carabinero resultó herido de gravedad en un procedimiento, quedando con riesgo vital. Bajo su perspectiva, el cambio de mando representa un freno a la tendencia de "normalizar la violencia".
El fin del proyecto "refundacional"
Barchiesi realizó un balance de los últimos años en Chile, comparando la situación con el contexto político de Colombia. Señaló que Chile vivió un proceso convulso donde se intentó "refundar el país" y cambiar la Constitución, lo que a su juicio habría condenado a la nación a "décadas de marxismo radical". Sin embargo, destacó que la ciudadanía reaccionó al sentir que la izquierda utilizó el estallido social únicamente como una plataforma para alcanzar el poder, olvidándose posteriormente de las necesidades del pueblo.
La diputada sostiene que el país ha dado una "vuelta de 360 grados", regresando a una convicción de proteger las instituciones y los cimientos construidos por generaciones anteriores. "Los chilenos dijeron: no, nuestra patria está primero", sentenció, marcando el inicio de un gobierno de derecha que busca restaurar la confianza y el crecimiento económico.
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