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Tras vender empresa por US$120 millones, hombre toma decisión que deja a todos boquiabiertos

La decisión se conoció después de que la multinacional neerlandesa Wolters Kluwer adquiriera la firma.

Tras vender empresa por US$120 millones, hombre toma decisión que deja a todos boquiabiertos
Tras vender empresa por US$120 millones, hombre toma decisión que deja a todos boquiabiertos
Creado con IA Grok

El empresario Pedro Pestana vendió su compañía tecnológica Marosa por $112 millones de euros, cerca de US$126 millones, y destinó 4,5 millones de euros, equivalentes a unos US$5 millones, a gratificar a los 120 trabajadores de la empresa. La decisión se conoció después de que la multinacional neerlandesa Wolters Kluwer adquiriera la firma, especializada en automatizar procesos fiscales para compañías internacionales.

La operación, formalizada en octubre de 2026, estuvo acompañada de una decisión que involucró directamente al equipo de la empresa con sede en Vigo, España. Pestana optó por distribuir una parte del dinero recibido por la venta entre sus empleados, con montos calculados principalmente según los años que cada persona llevaba trabajando en la organización.

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Según un reportaje publicado por La Voz de Galicia, el fundador había contemplado inicialmente repartir un millón de euros en partes iguales. Sin embargo, después de consultar con la responsable de recursos humanos, decidió modificar el planteamiento y establecer cantidades diferentes en función de la antigüedad de cada trabajador.

El reparto se convirtió así en uno de los aspectos más destacados de la venta de Marosa. En lugar de limitar la compensación a los directivos o a quienes llevaban más tiempo en la compañía, el empresario estableció un mecanismo para incluir a toda la plantilla.

El reparto incluyó hasta a un trabajador recién contratado

Uno de los detalles de la decisión fue la inclusión de un empleado que había comenzado a trabajar en Marosa apenas un día antes de que se concretara la operación. Su incorporación al reparto respondió a la garantía de una cantidad mínima para cada integrante del equipo de Vigo.

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La medida permitió que la gratificación no quedara restringida exclusivamente a quienes habían acumulado varios años de experiencia en la empresa. Aunque la antigüedad se utilizó como criterio para calcular los pagos, también se contempló a quienes acababan de incorporarse a la organización.

Pestana decidió comunicar personalmente la noticia a los trabajadores. Después de formalizar la venta en las oficinas de Vigo, llamó a cada uno por separado y siguió el orden de antigüedad para explicarles los detalles del cambio de propiedad y la cantidad que recibirían.

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El empresario defendió su decisión al señalar que se trataba de algo que quería hacer y que no había tenido dudas sobre la conveniencia de reconocer el trabajo del equipo. Su declaración, recogida por el medio gallego, reflejó que la distribución de una parte del dinero obtenido con la operación formaba parte de sus intenciones.

La comunicación individual también permitió que cada empleado conociera directamente de su fundador cómo se había organizado el reparto y cuál sería su participación en la suma destinada a las gratificaciones.

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