El pasado 21 de julio, la torre de control del aeropuerto El Dorado en Bogotá —el más importante del país y uno de los más transitados de América Latina— fue escenario de un hecho sin precedentes: un joven de 18 años, sin ningún tipo de acreditación profesional ni capacitación formal, ingresó a la cabina de operaciones y, presuntamente, dio instrucciones de despegue y aterrizaje a aeronaves en vuelo.
La situación fue confirmada por el coronel Andrés Felipe Otero, director de Operaciones de Navegación Aérea de la Aeronáutica Civil, durante una entrevista concedida a Blu Radio. "El 21 de julio se realizó un ingreso no autorizado de una persona que estaba acompañada por su padre, quien es controlador aéreo", explicó. El hecho ha desatado una tormenta institucional, ya que no solo se permitió el acceso del joven, sino que presuntamente se le cedió la operación de control durante un breve período.
Video de hijo de controlador aéreo en El Dorado
¿Quién autorizó el ingreso?
El coronel Otero fue enfático al señalar que el ingreso fue una violación a los protocolos de seguridad: “No fue autorizado. El padre del joven manifestó que su hijo era un estudiante en capacitación, lo cual no era cierto”. La torre de control de El Dorado cuenta con rigurosos protocolos de ingreso que, en este caso, fueron transgredidos por varios funcionarios. Por ello, actualmente hay cinco personas bajo investigación, incluyendo al padre del joven, quien trabaja como controlador aéreo en los aeropuertos de Medellín (José María Córdova y Olaya Herrera).
Una operación en riesgo
La gravedad del incidente radica en que el joven —sin formación oficial— presuntamente asumió funciones críticas del control aéreo, al punto de haber dado instrucciones en al menos un despegue y un aterrizaje, según se aprecia en un video que circuló en redes sociales. Aunque Otero aseguró que “la seguridad operacional en Colombia nunca estuvo en riesgo”, la indignación crece tanto en la opinión pública como entre los gremios aeronáuticos.
"Esto no fue un error, fue una violación. Los controladores saben que no pueden entregar el control a una persona ajena", reiteró el coronel, subrayando que la actuación fue deliberada, no accidental.
Día de la Familia: contexto de las visitas
Uno de los argumentos esgrimidos por el padre del joven fue que el ingreso se dio en el marco de la actividad conocida como el "Día de la Familia", organizada por la Aerocivil. Sin embargo, Otero aclaró que ese evento ocurrió el 5 y el 19 de julio, y fue llevado a cabo bajo estricto acompañamiento de personal de seguridad operacional. “En ningún momento los niños que asistieron tuvieron contacto con la operación directamente”, afirmó.
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Por tanto, la visita del 21 de julio no tenía relación con dicha jornada, y se realizó completamente por fuera de los protocolos institucionales. Además, el joven no había participado en el evento oficial, lo que refuerza el carácter irregular de su presencia en la torre.
¿Quiénes son los responsables?
La Aeronáutica Civil ha tomado cartas en el asunto. Se abrieron investigaciones disciplinarias y se compulsaron copias a la Fiscalía General de la Nación, que evaluará si hay lugar a cargos por suplantación de funcionario público u otros delitos. “Los funcionarios que permitieron entregarle la posición al joven están siendo investigados. No es solo responsabilidad del padre”, señaló Otero.
En un turno típico de control en El Dorado operan entre 14 y 15 controladores, lo que ha levantado dudas sobre cómo ninguno impidió la violación de seguridad. Otero aseguró que se revisan todos los eslabones del protocolo, desde la puerta de ingreso hasta la asignación de puestos.
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¿Está en riesgo la calificación de seguridad de El Dorado?
Consultado sobre posibles afectaciones a la reputación internacional del aeropuerto o la autoridad aeronáutica, el coronel fue tajante: “Este es un hecho aislado que no refleja la totalidad del compromiso y el profesionalismo del resto de los controladores. La seguridad aérea está garantizada”.
Pese a esta afirmación, el incidente ha encendido las alarmas sobre la fragilidad de los protocolos internos y la necesidad urgente de reforzar las medidas físicas y administrativas en los accesos a zonas críticas de navegación.