La Procuraduría General de la Nación destituyó e inhabilitó por 14 años al mayor (r) de la Policía, Jorge Mario Molano Bedoya, por su responsabilidad en la muerte del joven Santiago Andrés Murillo
Meneses, ocurrida el 1 de mayo de 2021 en medio de las protestas del paro nacional en Ibagué.
Según el ente de control, el entonces comandante de estación incurrió en un uso excesivo de la fuerza durante la jornada de manifestaciones, conducta que fue calificada como una falta disciplinaria gravísima cometida a título de dolo.
La Procuraduría concluyó que el oficial, pese a conocer las directrices sobre el uso de armas en contextos de protesta social, actuó de manera consciente, voluntaria y deliberada, desconociendo los mandatos constitucionales y legales que rigen la función policial y vulnerando el derecho fundamental a la vida.
Boletín oficial – Procuraduría General de la Nación
La entidad concluyó que el mayor (r) Jorge Mario Molano Bedoya incurrió en un uso excesivo de la fuerza durante la jornada de protesta ocurrida en la ciudad de Ibagué (Tolima) el 1 de mayo de 2021, lo que derivó en la muerte de Santiago Andrés Murillo Meneses.
El Ministerio Público resaltó que el disciplinado, en su calidad de oficial de la Policía Nacional, conocía las directrices sobre el uso de armas en el contexto de manifestaciones sociales. No obstante, desconoció su deber de ajustarse estrictamente a los mandatos constitucionales y legales que regulan su labor.
En ese orden, la conducta en que incurrió Molano Bedoya fue calificada de manera definitiva como falta disciplinaria gravísima cometida a título de dolo, al evidenciarse que su actuación fue consciente, voluntaria y deliberada, con pleno conocimiento de su carácter antijurídico y de la afectación del derecho fundamental a la vida.
Contra esta decisión procede el recurso de apelación ante el despacho del procurador general de la Nación.
Reacción de la familia
Tras conocerse el fallo, Sandra Meneses, madre del joven, aseguró en entrevista con Blu Radio que la decisión representa “una luz en el camino” tras años de espera, aunque insistió en que la sanción disciplinaria no reemplaza la vida de su hijo.
El día que todo cambió
La tarde caía sobre Ibagué aquel primero de mayo de 2021. Las calles, que durante horas habían sido escenario de arengas, pasos acelerados y consignas, comenzaban a recuperar un silencio tenso, como si la ciudad respirara después de la tormenta.
En la calle 60 con carrera Quinta, el flujo de vehículos volvía lentamente. Algunos manifestantes ya se habían dispersado. Entre ellos no estaba Santiago Andrés Murillo Meneses. Tenía 19 años, caminaba solo, no corría, no gritaba, no enfrentaba a nadie, regresaba a casa.
Minutos antes, según reconstruirían, luego las autoridades, el entonces comandante de la estación norte de Policía habría accionado su arma de dotación en medio de la confusión. No había, según la investigación, una amenaza directa. No había multitud que contener en ese instante preciso.
Un disparo rompió lo que quedaba de calma. Santiago cayó
La escena, breve y brutal, quedó grabada en la memoria de una ciudad que aún trataba de entender la magnitud del estallido social. La noticia se regó rápido: un joven había muerto. No estaba en la protesta, no estaba enfrentando a la fuerza pública, estaba pasando por allí.
Horas después, el nombre de Santiago ya no era solo un nombre, era símbolo, pregunta, reclamo.
Su madre, Sandra Meneses, comenzó desde entonces un camino largo, hecho de audiencias, expedientes y declaraciones.
“El amor de mi vida”, lo llamaba y en cada entrevista repetía lo mismo: justicia.
La Fiscalía General de la Nación, en su momento, recopiló pruebas técnicas, testimonios y peritajes. El proyectil, dijeron los expertos, coincidía con el arma del oficial. La escena no dejaba lugar a dudas: el disparo había salido de allí.
Cinco años después, la decisión disciplinaria llega como una respuesta parcial en medio de un país que aún cuenta sus heridas del paro nacional.
Pero en la memoria de una madre, el tiempo se detuvo esa tarde. E la calle 60 con Quinta, en Ibagué, todavía resuena el eco de un disparo que cambió una vida, y marcó a toda una generación.