El calvario de madre y su hija detenidas por ICE; más de 4 meses en "una caja con ventanas"
Ella vivía en Nueva York, esperaba su residencia por matrimonio, pero se llevó una sorpresa cuando recibió a su hija en el aeropuerto.
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La historia de Alejandra Montoya y su hija María Antonia Guerra Montoya, una niña colombiana de 9 años, ha reavivado el debate sobre las políticas migratorias en Estados Unidos, las condiciones en los centros de detención de ICE y la situación de los niños migrantes detenidos. Madre e hija permanecieron privadas de la libertad durante más de cuatro meses en el centro de detención familiar de Dilley, Texas, tras ser retenidas por la agencia migratoria estadounidense en el aeropuerto de Miami.
Hoy, ya en Medellín, Alejandra relató en entrevista con Mañanas Blu el drama que vivieron desde el 2 de octubre de 2025, cuando ambas fueron detenidas en circunstancias que, asegura, aún no logra comprender del todo.
“Mi hija fue detenida dentro de las instalaciones del aeropuerto y a mí me llamaron. Yo estaba en llegadas internacionales esperando que me la entregaran y en ese momento ingreso y soy detenida”, recordó Montoya.
María Antonia viajaba desde Colombia para pasar diez días de vacaciones en Estados Unidos. Su madre reside en Nueva York desde 2018 y estaba casada con un ciudadano estadounidense desde octubre de 2023, con un proceso formal ante USCIS para obtener la residencia permanente.
Mi matrimonio estaba 100% documentado en un proceso formal ante USCIS… Se supone que estábamos protegidos por la ley
Sin embargo, agentes de ICE le argumentaron que debía esperar la aprobación de su residencia en Colombia o firmar una deportación voluntaria. Permanecieron cerca de 48 horas en custodia en el aeropuerto de Miami antes de ser trasladadas al centro de detención de Dilley, Texas, donde estuvieron 128 días adicionales.
“El argumento fue que me fuera a esperar los papeles a mi país, que eso no era un estatus legal y que iba a ser detenida”, afirmó.
El centro de Dilley es el único centro de detención familiar en Estados Unidos, lo que implica que todas las personas recluidas allí son padres, madres e hijos. Según Alejandra, las familias estaban separadas por colores: cafés (familias completas), verdes (padres solteros con hijos) y amarillos (madres solteras con niños).
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La descripción de María Antonia sobre el lugar fue contundente: “Eran cajas con ventanas, todo era de un color opaco, triste”, relató su madre. Durante la entrevista, Alejandra denunció malos tratos y restricciones excesivas hacia los menores. “Gritar a un niño, decirle no juegues, no brinques, no corras… ponerse un pito en la boca y estar todo el tiempo haciéndole llamados de atención por acciones normales en el crecimiento de un niño”, señaló.
Uno de los episodios más difíciles fue cuando Alejandra debió ser hospitalizada por complicaciones renales. “Me llevaron al hospital y la niña quedó 100% bajo custodia de los oficiales”, recordó.
El caso tomó relevancia pública tras conocerse una de las ocho cartas divulgadas por el portal ProPublica, escritas por niños detenidos en Dilley. Dos de ellas eran de niñas colombianas. En su carta, María Antonia escribió: “Yo soy María Antonia Guerra Montoya y estoy hace 113 días en detención. Extraño a mis amigos y siento que me van a olvidar. Estoy aburrida aquí, ya extraño mi país y mi casa”.
También denunció dificultades con su alimentación: “No me dan mi dieta, yo soy vegetariana, no como bien”.
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Alejandra aseguró que desde el ingreso informaron sobre la dieta especial de su hija. “Cartas médicas, historia clínica… incluso la sometieron a una entrevista con un capellán para que explicara por qué era vegetariana. Es irónico que una niña de 9 años tenga que dar ese tipo de explicaciones”.
Durante tres meses, la alimentación de la menor consistió en arroz, fríjoles, lechuga y zanahoria. “Al tercer mes le entregaban una porción de fruta con leche de soya… En cuatro meses solo fue a desayunar cinco veces”, denunció.
El caso se suma a múltiples denuncias sobre presuntos abusos en centros de detención migratoria en Estados Unidos, no solo de ciudadanos latinoamericanos, sino también de europeos y otras nacionalidades.
“Entramos en un limbo político y lastimosamente ahora son los niños las víctimas… son niños que no deben estar en detención”, afirmó Alejandra.
Aunque reconoció que el endurecimiento de las políticas migratorias bajo la actual administración era conocido, aseguró que nunca imaginó que su situación pudiera derivar en detención. “Nunca tuve miedo porque EE.UU. es un país abanderado por la libertad y el cumplimiento de la ley”.
El 6 de febrero aterrizaron en Bogotá. Hoy permanecen en Medellín, acompañadas por el esposo de Alejandra, quien viajó para recibirlas. Sobre un eventual regreso a Estados Unidos, Montoya fue clara: “Mi prioridad en este momento es la recuperación emocional y psicológica mía, de mi hija sobre todo”.
La historia de Alejandra y María Antonia no solo expone el impacto de la detención infantil en centros migratorios, sino que abre nuevamente el debate sobre los límites de la política migratoria y la protección de los derechos humanos de los niños migrantes.
“La visibilidad también protege”, concluyó Alejandra, convencida de que contar lo vivido puede evitar que otras familias atraviesen el mismo calvario.
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