La industria del narcotráfico volvió a reinventarse en Norte de Santander. Los grandes laboratorios escondidos durante años en el Catatumbo están siendo reemplazados por “laboratorios exprés”, estructuras clandestinas que se levantan en pocas horas, procesan toneladas de cocaína y desaparecen casi con la misma rapidez, dificultando su ubicación por parte de las autoridades.
El nuevo mapa del narcotráfico ya no tiene como epicentro las zonas más apartadas del departamento. De acuerdo con información del Ejército Nacional, el procesamiento del clorhidrato de cocaína se ha desplazado hacia áreas rurales de Cúcuta, Bochalema y Durania, ubicadas a menos de 30 minutos de la capital nortesantandereana.
La razón es estratégica: la intensa presión militar en el Catatumbo y las confrontaciones entre el ELN y las disidencias de las Farc ha obligado a las organizaciones criminales a sacar la pasta base de coca hacia corredores más cercanos a la frontera, donde el negocio resulta más rentable y la logística es más eficiente.
La operación está diseñada para pasar inadvertida. Los insumos químicos llegan mediante la modalidad de “hormigueo”, es decir, en pequeñas cantidades transportadas por diferentes personas para evitar levantar sospechas.
Una vez reunido todo el material, comienza una carrera contra el tiempo para levantar la infraestructura, se procesa la cocaína, se empaca, se entregan los cargamentos y el laboratorio es desmontado antes de que pueda ser detectado.
“Hoy no hablamos de grandes campamentos, sino de instalaciones temporales que aparecen y desaparecen constantemente”, explicó el teniente coronel Jhonnatan Arcos, comandante del Grupo de Caballería Mecanuzado No. 5 General Hermógenes Maza, a Blu Radio.
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Aunque son conocidos como “cambuches”, su capacidad dista mucho de ser improvisada. Se construyen con estibas de madera en su suelo, paredes del mismo material y techos de plástico, pero en su interior funcionan plantas eléctricas silenciosas que alimentan hornos microondas, empacadoras al vacío, secadoras, sistemas de iluminación e incluso equipos de presurización utilizados durante el refinamiento del alcaloide. Algunos llegan a operar con diez o doce áreas de procesamiento simultáneamente.
El uniformado explicó que un solo laboratorio representa una inversión cercana a 1.000 millones de pesos, pero puede generar ganancias equivalentes en apenas un día de operación a 5.000 millones de pesos.
Algunos complejos tienen capacidad para producir entre tres y cuatro toneladas diarias de clorhidrato de cocaína, droga que posteriormente sale hacia mercados del Caribe, Norteamérica y Europa, aunque también puede tener como destino África, Asia u Oceanía, donde su precio alcanza valores mucho más altos.
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Antes de abandonar el laboratorio, cada cargamento recibe una marquilla, el sello que identifica la organización responsable y certifica la calidad del producto para los compradores internacionales.
Los recientes operativos militares revelan la dimensión del fenómeno. En Bochalema, Durania y la zona rural de Cúcuta fueron destruidos cuatro laboratorios exprés, además de incautarse tres toneladas de clorhidrato de cocaína, dos toneladas de pasta base, dos toneladas de insumos sólidos y cerca de 8.000 galones de sustancias líquidas utilizadas en el procesamiento del alcaloide. El golpe económico fue calculado en 15.000 millones de pesos para las estructuras criminales.
Para las autoridades, la aparición de estos laboratorios exprés demuestra que el narcotráfico está modificando su forma de operar para mantenerse un paso adelante de la Fuerza Pública.
Ya no apuestan por grandes complejos permanentes, sino por una red de centros de producción móviles, discretos y altamente rentables que convierten el procesamiento de cocaína en una operación de alta velocidad, a las puertas de Cúcuta.
Para las autoridades, frenar la expansión de estos laboratorios exprés depende de mantener la presión operacional sobre las estructuras criminales y fortalecer la información suministrada por la comunidad. Por eso, el Ejército mantiene habilitadas las líneas 107 y 147, disponibles las 24 horas, para recibir denuncias que permitan ubicar y desmantelar estos centros clandestinos antes de que entren en funcionamiento.