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Aunque se niegue, la chancleta y la correa siempre dejan traumas: opinión de Alberto Linero

A un debate de ser Ley de la República está el proyecto que busca erradicar cualquier método de violencia para corregir a los niños en el seno familiar. El tema no deja de causar polémica.

Alberto Linero : Foto cortesía.jpeg

Hace apenas 20 días informábamos de un niño de tres años que en Madrid, Cundinamarca, al que dejaban amarrado mientras su mamá y su padrastro se iban a trabajar. Todavía recuerdo el video en el cual el niño, a pesar de su dolor, no quería ser desamarrado por miedo a sus tutores. Como este niño son muchos los que sufren maltrato físico de sus padres o tutores.

Por eso celebro que con una votación de 19 a 0, la Comisión Primera del Senado aprobó, en tercer debate, un proyecto de ley con el cual se pretende erradicar cualquier método de violencia para corregir a los niños en el seno familiar.

Así este proyecto queda a un debate de ser Ley de la República. Sé que el tema es bastante polémico porque durante muchos años se creyó que el castigo físico era necesario para educar bien a los hijos, de hecho, hasta en los textos sagrados hay manifestaciones de estas anacrónicas formas de educar. Sé que cuando se pone el tema inmediatamente más de uno dice pero a mí, buena chancleta y correa que me dieron y aquí estoy sin ningún trauma. Afirmación que no es del todo válida porque seguro si tenemos algún trauma por haber recibido maltrato físico de niños.

Debe quedar claro que no se está en contra de la corrección, de la disciplina y la autoridad sino del maltrato físico. Por eso el articulado respeta y deja intacta la autonomía de las familias para criar a sus hijos e hijas con sus propias creencias, reglas y normas, pero estableciendo que la vigilancia, corrección y sanción de niñas, niños debe ser sin violencia.

Tengamos claro que no se le puede enseñar a los niños que la violencia es un método de resolución de conflictos, ni que las personas que dicen más amarlos pueden golpearlos, ni a asociar las soluciones con dolor físico.

Cada papá, cada mamá puede criar a sus hijos desde sus valores y creencias pero teniendo claro que no los puede agredir. Toda sanción y castigo deben tener por lo menos estas tres características: debe estar asociado con el error, la falla cometida, adecuado a la edad del niño y siempre debe dejar una enseñanza, una lección de vida que le ayude ser un mejor ser humano. El único sentido que tiene un castigo es que los niños corrijan su error e involucren nuevas formas de actuar.

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Escuche la reflexión y el análisis del padre Linero en Mañanas BLU:

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