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El poder de los abrazos: comunicar afecto nos sana y nos permite curar a los otros

Los abrazos nos ayudan a expresar las emociones con mayor riqueza que la palabra y los conceptos que hemos elaborado.

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Alberto Linero
Cortesía.

Cuando celebramos un triunfo nos abrazamos con nuestros cercanos para compartir la alegría, pero también cuando alguien tiene una pérdida y necesita consuelo, lo abrazamos. De alguna manera, el hacerle sentir la presión de nuestro cuerpo a la otra persona, nos ayuda a expresar las emociones con mayor riqueza que la palabra y los conceptos que hemos elaborado.

Eso ha sido complicado en este tiempo de pandemia, en el que se nos han marcado nuevas rutinas para evitar el contagio; una de ellas es mantener distancia física con las otras personas como una medida de bioseguridad. Distanciarnos del otro físicamente para protegernos.

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Nosotros, caracterizados por el contacto físico en las relaciones, hemos resentido esta situación, más en un día como hoy, en el que se celebra desde 1986 el día del abrazo, gracias a Kevin Zaborney, psicólogo estadounidense que, luego de estudiar la importancia de este acto, pensó en crear esta festividad buscando dar una excusa para hacer que las personas se dieran más abrazos.

Algunos pudieran pensar que es una acción poco importante, pero hay evidencia científica que ha demostrado todos los beneficios que tiene para los humanos abrazarse.

La Dra. Marta Isabel Martínez Zamora lo dice en estos términos: “Cuando nos abrazamos, la hipófisis posterior en nuestro cerebro libera oxitocina, que a su vez disminuye el cortisol y la adrenalina, que son las hormonas del estrés. Adicionalmente se libera serotonina, la hormona relacionada con el estado de ánimo, y otras que se vinculan al placer, como la dopamina, encefalinas y endorfinas” cierro cita. Pero estos beneficios trascienden lo físico y permiten que gracias al abrazo, las personas se sientan reconocidas y valoradas, con posibilidades de realizarse.

Creo que hoy vale la pena pensar en la necesidad del contacto físico en el proceso de crianza de los niños, donde se les debe ayudar a crecer en su autoestima y en su autoeficacia; pero también en la importancia que tiene este en las relaciones de pareja, donde tocarse, abrazarse, permite que se tiendan los puentes necesarios para solidificar el proyecto existencial común que se construye. Comunicar afecto nos sana y nos permite sanar a los otros.

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Escuche la reflexión de Alberto Linero en Mañanas BLU:

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