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En un chasquido de dedos, todo se acaba: el instante para vivir es hoy, mañana no sabemos

El desplome de un edificio en Miami es una situación dolorosa que nos hace pensar en varios criterios para encontrar sentido a la vida

Alberto Linero
Alberto Linero
Foto: cortesía

El vídeo nos deja impresionados. De un momento a otro, el 70% del edificio cae como si fuera una estructura de cartón, como si se estuviera haciendo un proceso de demolición.

Lo doloroso es que no es un ejercicio planeado, y que allí, al interior de la construcción que se va derrumbando, hay personas durmiendo, descansando. Me refiero al trágico hecho que ocurrió en Miami, en el que un edificio residencial se desplomó en cuestión de nada.

Esta situación, como muchos accidentes o desastres naturales, nos pone frente a lo incierto de la vida. En cualquier momento esta se puede acabar.

Lo hemos dicho muchas veces, pero en ocasiones pareciera que no tuviéramos esa conciencia: sí, la vida puede acabarse en un chasquido de dedos. Basta pensar en todas esas personas, que cuando se acostaron a dormir, nunca imaginaron que el lugar donde vivían y en el que se sentían muy seguros, pudiera colapsar de esa manera.

Creo que esta situación tan dolorosa nos puede ayudar a pensar en varios criterios para encontrar sentido a la vida:

1. Hay que vivir en el presente. Debemos entender que estamos aquí y ahora, que no podemos aplazar nuestra felicidad, creyendo que tenemos asegurado el futuro, sin entender que en cualquier momento esto se puede acabar. El instante para vivir es hoy, mañana no sabemos.

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2. Debemos comprender la vulnerabilidad humana. Frente a situaciones como esta, comprendemos que todos estamos hechos de lo mismo, que frente a la muerte, todos tenemos las mismas condiciones. No podemos vivir creyéndonos invencibles o inmortales, pasando por encima de los demás.

3. Hay que amar mucho. No hay que dejar para después las muestras de afecto que son las que nos permiten demostrarles a los otros que los amamos. Pienso en las personas que se fueron sin poder despedirse, quizá teniendo algo que decirle a su familia, pero la sorpresa de la muerte se los impidió.

4. Hay que vivir de tal forma, que al final de la vida podamos decir que todo valió la pena. Sin amarguras, perdonando y sanando el corazón, sobre todo soñando y creyendo con esperanza que las cosas siempre pueden estar mejor. Con una actitud que permita creer que vale la pena estar vivo.

Ojalá estos aprendizajes se queden en nuestro interior y nos permitan darle más sentido a la vida, recordando todos los días que no sabemos cuándo será el último.

Escuche la reflexión de Alberto Linero en BLU Radio:

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