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Germán Castro Caycedo nos enseñó que el periodismo no puede hacerse sin un compromiso con la verdad

Las obras de este gran periodista nos muestran la historia contemporánea de Colombia desde el relato de los protagonistas y no desde la versión oficial de los que mandan y tienen el poder

Alberto Linero /Foto: Instagram @PLinero
Alberto Linero /Foto: Instagram @PLinero

Conocí a Germán Castro Caycedo en Barranquilla, en el 2001. Lo había invitado a una entrevista para conversar, no solo de su gran carrera, sino de su libro “Candelaria” que en ese momento estaba presentando y que mostraba la relación del narcotráfico colombiano con el mundo, a través de una mujer casi mítica, que con su historia, evidenciaba que no hay ningún lugar libre del negocio de la alucinación y de la barbarie.

Fue una entrevista emocionante, porque había leído muchas de sus crónicas y lo había visto en su programa de televisión “Enviado Especial”.

Lo descubrí como ese maestro que entiende que ser periodista significa saber contar historias, para lo cual es necesario ser un reportero que va hasta los lugares para escuchar y vivir los testimonios de aquellos que son los actores reales de esos relatos; oficio que no se puede realizar sin el compromiso con la verdad, dándole la palabra a aquellos que por distintas dinámicas la han perdido o nunca la han tenido; tampoco sin esa capacidad crítica que permite mostrar las costuras, las aristas, las contradicciones que muchas veces viven en la injusticia; o sin ese amor por el territorio que nos lleva a entender que conocerlo es también conocernos como individuos y sociedad; sin la memoria, esa que le permitió al maestro poder seguir disfrutando de los sabores de la comida, aunque había perdido el gusto y el olfato en Rusia por un golpe en la cabeza; y sin duda, sin el amor profundo por lo que somos.

Creo que leer el trabajo periodístico y los libros de Germán Castro Caycedo, nos permite conocer la historia contemporánea de nuestro país, no desde el relato oficial de los que mandan y tienen el poder, sino desde los actores que algunas veces no son tenidos en cuenta.

Quizá su libro que más me gusta es “La noche de las lanzas” (así lo titularon en España, en Colombia lo titularon “Hágase su voluntad”), en donde narró la muerte del obispo misionero Alejandro Labaka y de la monja colombiana Inés Arango a manos de los indios huao, una tribu pequeña de la Amazonia.

Lo cierto es que estoy convencido que, aunque suene a lugar común, con la muerte de Germán Castro Caycedo, el periodismo colombiano pierde a uno de sus grandes maestros. Creo que hoy es muy difícil ser un buen periodista si no se ha leído el trabajo de este gran cronista.

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Escuche la reflexión de Alberto Linero en Mañanas BLU:

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