
Ayer me encontré con un amigo a quien hacía mucho tiempo no veía. Durante más de media hora me comentó lo difícil que está la situación en nuestro país y en el mundo. Hacía sus análisis y destacaba los grandes problemas que enfrentamos, casi asegurándome que todo iba a empeorar. Según él, la economía, la política, la salud y la educación están en un camino hacia el deterioro. No puedo negar que su análisis era convincente y que presentaba los datos de manera efectiva. Sin embargo, su visión chocaba con mi decisión de no dejarme contagiar por la desesperanza.
Creo firmemente que analizar la realidad no debe llevarnos al fatalismo, sino a encontrar motivación para enfrentar la vida y seguir adelante. Soy optimista por decisión, y me dedico a encontrar motivos para creer que saldremos adelante. Es decir, siempre estoy en busca de cómo motivarme.
Entiendo la motivación como esa fuerza interna que nos impulsa a actuar, a perseguir nuestros objetivos y a superar obstáculos. Es como el motor que nos mantiene en movimiento, incluso cuando las cosas se ponen difíciles. Para lograrlo, creo que es esencial:
Reconocer los logros, celebrando cada pequeño paso que damos, por insignificante que parezca. Esto ayuda a mantener una perspectiva positiva y a darnos cuenta de que no todo está mal.
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Rodearse de personas realistas que nos inspiren y nos apoyen. Las personas amargadas, que sólo saben destilar negatividad, nos desmotivan constantemente, por lo que es crucial mantenerlas a distancia.
Aprender de los errores, viéndolos como oportunidades de crecimiento. En lugar de centrarse en lo negativo, debemos enfocarnos en lo que podemos aprender de cada experiencia, y asegurarnos de no repetir los mismos errores. Esto requiere tomar decisiones y actuar con inteligencia y responsabilidad. No podemos quejarnos luego de lo que nosotros mismos hemos decidido y hecho.
Sé que el optimismo no es el combustible que algunas máquinas de odio necesitan, pero es el que necesitamos cada uno de nosotros si queremos ser felices y construir una sociedad próspera y justa.
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