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No hay nada mejor que tener redes de apoyo claras en las que podamos depositar nuestra confianza

Tengo muy claro que los tiempos cambian, que las dinámicas sociales son distintas y que en esta época se prefiere la individualización, el anonimato y la distancia, tal vez por ese afán de andar buscando comodidad y seguridad.

Alberto Linero
Alberto Linero
Foto: cortesía

Ayer leí una noticia de un estudio en Dinamarca que destacaba la importancia para la salud mental de tener vecinos. Me reí porque me crié en el Olivo, un barrio popular de Santa Marta.En él quedaba demostrado cómo los vecinos formaban parte de la familia extensa de cada una de las personas que vivían allí. Ellos significaban la concreción de la solidaridad y la generosidad. Eran la red inmediata de ayuda que todos teníamos.

Nadie se sentía solo, porque las fiestas eran en las calles y todos estaban invitados siempre; las tristezas implicaban la reunión de todos para tratar de cargar el dolor juntos; se buscaba la manera de ayudar a los otros a satisfacer las necesidades más básicas que tenían. Más de una vez se daba un pocillo de aceite o unas cucharadas de café al que lo necesitaba.

Tengo muy claro que los tiempos cambian, que las dinámicas sociales son distintas y que en esta época se prefiere la individualización, el anonimato y la distancia, tal vez por ese afán de andar buscando comodidad y seguridad.

El estudio da como ventaja a los vecinos que comparten la vida una menor posibilidad de sufrir problemas en la salud mental como la depresión, a comparación de quienes viven encerrados. Según ellos, la relación entre vecinos permite un sentido de comunidad, reciprocidad y confianza. Tres cosas muy importantes para nuestro desarrollo personal.

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Cuidar la salud mental implica entender que no estamos solos y podemos ayudarnos los unos a los otros. No hay nada mejor que tener redes de apoyo claras en las que podamos depositar nuestra confianza, pero a la vez también convertirnos en parte de las redes de apoyos de aquellos que están cerca.

Quien pasa amargado en el lugar que vive, y cree que sus vecinos son sus enemigos, no solo se hace infeliz, sino que se niega a la oportunidad de encontrar en ellos una mano de apoyo en medio de los momentos difíciles. Ojalá todos tengamos buenos vecinos, con los que más allá de compartir una pared, o un pedazo de la calle, construyamos relaciones que aporten a nuestra salud mental.

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