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El dolor de perderlo todo por un terremoto: "Tengo que dormir en un andén”

El terremoto dejó a María Elena, de 66 años, sin hogar y durmiendo en una carpa frente al edificio que deberá ser demolido. Su familia perdió casi todo y hoy vive en la incertidumbre.

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El drama de perder todo por un terremoto: “Duermo en un andén”
Foto: Blu Radio

El terremoto que sacudió a Cali dejó una estela de daños materiales, edificios inhabitables y cientos de familias enfrentadas a una incertidumbre que va mucho más allá de las estructuras afectadas. Entre las personas damnificadas está María Elena, una mujer de 66 años que, en cuestión de minutos, perdió el lugar donde vivía y buena parte de sus pertenencias. Ahora duerme en una carpa instalada frente al edificio que durante años llamó hogar, mientras espera una respuesta sobre su futuro.

El inmueble, ubicado en el sur de Cali, tiene cerca de 40 años de construido, cuenta con seis pisos y 28 apartamentos. Después de la emergencia fue revisado por ingenieros y especialistas, quienes determinaron que quedó inhabitable y que deberá ser demolido antes de que pueda colapsar. La edificación hace parte de un grupo de aproximadamente 200 estructuras que, según el reporte entregado durante la entrevista, presentan condiciones que requieren intervención.

Mientras las autoridades definen el cronograma y el orden de las demoliciones, las familias evacuadas permanecen en los alrededores, algunas en carpas y otras sin una alternativa clara de alojamiento. Para María Elena, el problema no es solamente haber perdido el apartamento que tenía en arriendo, sino quedar sin los elementos básicos para reconstruir su vida.

“Pérdida total”: una vida que quedó dentro del apartamento

María Elena explicó que no ha podido recuperar sus pertenencias debido al riesgo que representa ingresar nuevamente al edificio. Aunque se trata de una vivienda arrendada, todo lo que había dentro era de su propiedad y quedó expuesto en una estructura que amenaza con colapsar.

“Pérdida total, pérdida total”, afirmó al describir lo que quedó de sus bienes. La mujer pagaba cerca de 1,8 millones de pesos mensuales por el arriendo y vivía allí con su hija Vanessa. El edificio se encontraba bajo administración de la Sociedad de Activos Especiales (SAE), mientras que la entrevistada señaló a Emporio como la entidad a la que pagaba el canon de arrendamiento.

La incertidumbre se ha agravado porque, según María Elena, la inmobiliaria todavía no les ha informado qué ocurrirá con las familias que fueron evacuadas: “Lo que pasa es que tampoco se ha pronunciado la inmobiliaria. Donde no nos ha dicho, mire, nosotros vamos a reubicarlo, nosotros vamos a hacer esto”, relató.

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La situación contrasta con las exigencias habituales para acceder a una vivienda en arriendo, donde se solicitan garantías y documentos para demostrar la capacidad de pago del arrendatario. Ahora, después del terremoto, María Elena reclama una respuesta frente a una emergencia que la dejó sin vivienda y sin sus pertenencias.

Dormir en un andén después de perder el hogar

Uno de los aspectos más dolorosos de su testimonio es la transformación radical de sus condiciones de vida. Antes del terremoto, María Elena asegura que tenía una vivienda confortable. Hoy permanece en una carpa frente al edificio, a la espera de saber dónde podrá vivir.

“Pero el estar sentada en un andén, el dormir en la calle”, expresó al referirse a su situación actual. La mujer recibe una pensión, pero asegura que ese ingreso no es suficiente para afrontar por sí solo una nueva vida. Antes podía complementar sus ingresos con trabajos adicionales, algo que ahora resulta mucho más difícil debido a su edad y a las circunstancias de la emergencia.

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“Tengo 66 años”, señaló cuando le preguntaron por su edad. Sobre su situación económica, explicó que la pensión “no alcanza” y que anteriormente podía trabajar para completar sus ingresos.

María Elena también cuenta con el respaldo de sus hijos, pero ellos igualmente resultaron afectados. Su hijo, por ejemplo, perdió su negocio durante el terremoto, cuando las vitrinas y otros elementos del establecimiento se vinieron abajo.

Vanessa: atrapada dentro del edificio durante el terremoto

La experiencia de Vanessa, hija de María Elena, refleja el nivel de riesgo que enfrentaron los habitantes del edificio. Ella se encontraba dentro del apartamento, en el tercer piso, cuando comenzó el movimiento telúrico.

Yo estaba dentro del apartamento, estaba dormida, y cuando empezó a temblar pues me desperté buscando a mi mamá
recordó.

Su madre se encontraba en una iglesia cuando comenzó el terremoto. Vanessa permaneció dentro de la vivienda mientras los muros empezaban a caer. Intentó salir con su perro, pero la caída de las estructuras se lo impidió.

“Todo empezó a caerse a golpes, fue horrible. Cuando cogí el perro y ya iba a salir fuera del apartamento, ya se empezaron a caer los muros. O sea, no pude salir, me tocó quedarme dentro hasta que todo terminara”, relató.

Después de la emergencia, Vanessa volvió al inmueble en una ocasión para intentar recuperar su celular y sus documentos. Sin embargo, el miedo y las condiciones de la estructura hicieron imposible recuperar el resto de sus pertenencias.

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“Ya eso no se salva nada”, dijo, al explicar que una parte posterior del edificio quedó completamente inclinada. La estructura, según su testimonio, prácticamente se partió. El interior quedó tan inclinado que, de acuerdo con Vanessa, al caminar dentro del inmueble era necesario hacerlo con extremo cuidado debido a la pendiente.

Edificios en riesgo y una ciudad que busca responder

El caso de esta familia forma parte de una emergencia más amplia en Cali. Durante la entrevista se informó que otros edificios cercanos también fueron evacuados y quedaron inhabitables. Entre ellos se mencionó una edificación de cinco pisos que, aunque no colapsó, resultó gravemente averiada.

Las autoridades locales trabajan con ingenieros de la Universidad del Valle y de otras instituciones para establecer el cronograma de demolición de las estructuras que representan un riesgo. La prioridad será intervenir aquellos edificios cuyo eventual colapso pueda afectar a otras viviendas y a los habitantes de las zonas vecinas.

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Paralelamente, se habilitaron dos sitios de acopio para recibir ayudas destinadas a los damnificados: uno en la Ciudadela Petronio Álvarez, en el sur de Cali, y otro en las antiguas bodegas de la Industria de Licores del Valle, sobre la Carrera Primera. También se hizo un llamado a voluntarios para apoyar las labores de recepción de las donaciones.

En medio de esta respuesta institucional, familias como la de María Elena continúan esperando soluciones concretas para recuperar una vivienda y unas condiciones mínimas de estabilidad.

Volver a empezar desde cero

Para Vanessa, el futuro todavía es incierto. Ella y su madre permanecen a la espera de una respuesta de las entidades responsables y de las ayudas anunciadas por la Alcaldía, luego de ser censadas como damnificadas.

“Estamos como en el limbo”, resumió Vanessa al explicar que todavía no saben qué camino tomar. La respuesta que encuentran, por ahora, es la paciencia y la esperanza. Frente a la pregunta sobre qué harán después de haber perdido prácticamente todo, Vanessa respondió: “Empezar de cero. Dios proveerá, Dios proveerá de nosotros”.

El terremoto no solo dejó edificios fracturados. También rompió la cotidianidad de familias que tuvieron que abandonar de un momento a otro sus hogares, sus pertenencias y la seguridad que habían construido durante años. Para María Elena, la emergencia representa el desafío de reconstruir su vida a los 66 años, con una pensión insuficiente y sin saber todavía dónde podrá dormir mañana.

Su historia resume el drama de cientos de damnificados: tener que esperar una respuesta mientras el lugar que alguna vez fue su hogar permanece frente a ellos, convertido en una estructura inhabitable y en el recuerdo de la vida que tuvieron que dejar atrás.

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