Conocer qué especies habitan en los bosques de Santander, cómo se están regenerando los árboles y qué tan saludables se encuentran los ecosistemas es el objetivo de un inventario de flora y fauna que adelanta la Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (CDMB).
El trabajo está a cargo de un equipo especializado de biólogos que recorre diferentes zonas de la jurisdicción de la corporación para recopilar información científica sobre la biodiversidad y su relación con las fuentes hídricas.
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La iniciativa comenzó en el sector de Bocas, en Girón, y ha incluido áreas como el Parque Natural Regional Bosques Húmedos Andinos El Rasgón, en Piedecuesta, y la cuenca del río Tona. También contempla el bosque seco de Pescadero, en la cuenca del río Manco, y sectores de páramo en Vetas.
Ludy Archila, bióloga especializada de la CDMB, explicó que el propósito es establecer una línea base que permita comparar los cambios de la biodiversidad a lo largo del tiempo. “El monitoreo de la biodiversidad consiste en generar primero una línea base de información de fauna y flora en diferentes biomas de la jurisdicción de la CDMB, asociada a varias cuencas hídricas”, señaló.
Para identificar las especies, los profesionales utilizan distintas técnicas de campo. En el caso de las aves, realizan recorridos, conteos y capturas temporales con redes de niebla para su identificación. Estos animales cumplen funciones esenciales en los bosques, pues contribuyen a la polinización y a la dispersión de semillas.
El inventario también incluye mamíferos terrestres y voladores, como los murciélagos, además de anfibios y reptiles. Para ello, los investigadores hacen recorridos diurnos y nocturnos, identifican huellas y otros rastros, instalan cámaras trampa y utilizan equipos para registrar sonidos de algunas especies.
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Uno de los componentes más importantes es el establecimiento de parcelas permanentes de vegetación, una metodología que permitirá observar cómo cambian los bosques con el paso de los años. Allí se identifican y miden los árboles para determinar su crecimiento, la aparición de nuevos individuos y la regeneración natural.
“Vamos a tener datos en el tiempo de biomasa, de captura de carbono y también es como dejar instalado un laboratorio que permite hacer muchos estudios”, explicó Archila sobre el alcance de estas parcelas.
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La información recopilada permitirá identificar áreas que necesitan restauración, ecosistemas que deben conservarse y zonas donde se requieren nuevos estudios para evitar su deterioro. Además, ayudará a comprender cómo la protección de los bosques influye en la calidad del agua, del aire y del suelo, así como en la respuesta de los ecosistemas frente al cambio climático.