Halloween suele dejar en muchas casas bolsas llenas de golosinas que pueden durar varios días o incluso semanas. Ante el aumento del consumo de dulces entre niños y adolescentes durante esta celebración, el reto para los padres no es simplemente controlar cuánto comen esa noche, sino en enseñarles a relacionarse con estos alimentos sin excesos ni prohibiciones.
En entrevista con Casa Blu, Vanessa Mateus Martínez, nutricionista dietista de la Asociación Colombiana de Nutrición Clínica, explicó que una de las primeras recomendaciones es no hacer que toda la celebración gire alrededor de recoger dulces y definir desde antes qué ocurrirá con las golosinas que lleguen a casa.
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¿Cuántos dulces pueden comer los niños?
Para Mateus, no existe una regla que pueda aplicarse de la misma manera a todos los menores, pues influyen la edad, la porción y el resto de la alimentación. Sin embargo, puso como ejemplo acordar previamente una cantidad limitada y distribuir el resto durante los días siguientes.
“Vamos a recoger unos dulces y vamos a elegir cinco que te encanten y vamos a ponerlos como postres. Hoy te puedes comer X número, no sé, tres máximo, dependiendo de la porción, ¿cierto? Y más porque a veces esto es en la noche”, explicó.
La nutricionista también recomendó que la alimentación habitual no cambie por ser Halloween. Los niños deberían desayunar, almorzar, cenar y mantener sus refrigerios habituales para evitar salir a pedir dulces con demasiada hambre.
“Si un niño sale a recoger dulces o a la actividad que papá y mamá tengan planeado sin haber comido su comida anterior, va a tener demasiada hambre. Entonces nuestra capacidad de controlar y de tener límites en ese momento va a ser mucho más difícil”, señaló.
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Revisar los dulces antes de comerlos
Antes de pensar en cantidades, la experta recomendó que los adultos revisen la fecha de vencimiento, el estado del empaque y los ingredientes de los productos que recibieron los menores.
“[Revisar] fecha de vencimiento y cómo está el empaque. Porque lo que tú dices, de pronto malas intenciones se nos ven aquí coladas, ¿cierto? Entonces, puede que el empaque se vea roto, que tenga algo que no es de confianza y pues no deberíamos ofrecerlo”, indicó.
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También pidió especial atención a productos que puedan contener licor, pues estos no deberían ser consumidos por los menores.
La especialista agregó que, si una familia va a entregar golosinas, puede optar por porciones individuales más pequeñas o incluir preparaciones caseras como galletas, muffins o snacks elaborados con yogur.
¿Qué hacer con la bolsa de dulces que sobra?
La recomendación no es esconderlos ni prohibirlos completamente. Mateus sugirió acordar con los niños cómo distribuirlos, utilizar algunos como parte de las comidas de los días siguientes y compartir el exceso para evitar mantener una gran cantidad disponible durante semanas.
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“Hoy nos vamos a comer tres, mañana vamos a poner uno en tu postre, pasado mañana vamos a llevar este en la lonchera, dando un límite al consumo. Lo cual no significa que si de pronto negociamos otra porción al día estaría bien; no es tan restringido, o sea, no es restringir totalmente, pero sí evitar tener toda esta cantidad de dulces por largos periodos de tiempo en casa”, explicó.
La nutricionista insistió en que convertir los dulces en algo completamente prohibido también puede ser contraproducente, especialmente a medida que los niños crecen.
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“Definitivamente está súper claro que la prohibición de cualquier alimento, no solo de los dulces, en algún momento va a generar una conducta que no es sana. Debemos aprender a consumir”, afirmó.
Mateus recomendó tampoco utilizar las golosinas como premio o castigo y enseñar, en cambio, que tienen un momento, una porción y una frecuencia dentro de la alimentación.
Escuche aquí la entrevista completa:
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