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Aplaudo que las gimnastas alemanas compitieran con trusas largas: la mujer no es una mercancía

Este gesto práctico, es también una poderosa acción simbólica para una sociedad que todavía muchas veces avala el machismo y no siempre sutilmente.

Alberto Linero
Alberto Linero
Foto: cortesía

Al principio no entendí por qué las gimnastas alemanas se presentaron a competir en estos juegos olímpicos de Tokio con unas trusas largas que cubrían sus piernas hasta los tobillos, y con blusas que les cubrían todos los brazos. Como diría mi mamá: un vestido de cuerpo entero.

Al buscar la razón, me encontré con estas afirmaciones dichas por la Federación Alemana: “Los atuendos son una declaración contra la “sexualización” en la gimnasia. El objetivo es presentarse estéticamente, sin sentirse incómodo”.

El parlamento Europeo lo define así: “La sexualización no es sinónimo de sexualidad, sino que debe entenderse como un enfoque instrumental de la persona mediante la percepción de la misma como objeto sexual, siendo valorada en función de su atractivo personal…” Es esa mirada morbosa de quienes se centran solo en los atributos físicos sexuales, y desconocen todo el contexto en el que la mujer está expresándose.

No es morronguería, pero fui formado en ese ambiente en el que había que evitar mirar de manera lasciva a una mujer. Se nos recordaba que en Mateo 5, 28 dice: “Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón”.

Ahora entiendo que las razones van más allá de un tema religioso y tienen que ver con la dignidad y el respeto de la persona.

No es un objeto sexual, no es una mercancía, ni alguien obligado a nuestro placer de machos. Algunos que se han acostumbrado a este tipo de manifestaciones, las creen inofensivas y se burlan de quienes llaman la atención por desterrar de nuestras relaciones esas expresiones “reificadoras” de la mujer.

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Seguro no han entendido que todas estas percepciones son de alguna manera causa de la violencia, o uno de los primeros pasos que puede terminar con agresión física o aun con la muerte de las mujeres. Las cifras de violencia contra ellas son contundentes, recordemos que este año, apenas hasta marzo, se habían contado ya 158 feminicidios y miles de denuncias de violencia contra la mujer, lo cual exige una acción pronta de la sociedad.

Este gesto práctico, es también una poderosa acción simbólica para una sociedad que todavía muchas veces avala el machismo y no siempre sutilmente. Definitivamente lo importante en estas pruebas no son los estúpidos 90-60-90, sino los anhelados 16 puntos que aseguran una rutina perfecta. Sigo en mi proceso de machista en recuperación.

Escuche la reflexión de Alberto Linero en Mañanas BLU:

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